Rebelión en la granja

Por Jorge Arturo Diaz Reyes

En su busca de votos, los candidatos a la alcaldía de Bogotá han terciado en lo que la revista Semana llama “debate animalista”. Quizás, porque tratándose de las corridas de toros, los participantes hablaron por y para los animales.

En su busca de votos, los candidatos a la alcaldía de Bogotá han terciado en lo que la revista Semana llama “debate animalista”. Quizás, porque tratándose de las corridas de toros, los participantes hablaron por y para los animales.

Como en una reedición de la parodia orwelliana, donde Mollie la yegua, Boxer el caballo, Moses el cuervo, Pincher el perro, Snowball el cerdo y Benjamín el burro, deliberaran sobre la conducción de la granja y lo que conviene o no conviene a su población pecuaria.

Y se pregunta uno por qué tal animalización de la política para una ciudad urgida de humanización. La más elemental; vida, dignidad, agua, movilidad, salud, educación, libertad… Y la respuesta salta: Porque Petro lo ha querido. Ha hecho de la prohibición a los toros y el referendo con que pretende legitimarla puntos cruciales en la lucha por su sucesión.

Claro, como es de uso, compitieron en decir lo que la clientela quiere oír, en presentarse cada uno como su vocero más auténtico, el más animal en este caso. Ya lo advertía Platón, en la democracia el poder siempre termina en manos de los más avisados.

Cinco aspirantes: Clara López (Polo), Enrique Peñaloza (Equipo), Vicente de Roux (Verde), Rafael Pardo (Liberal) y Mercedes Maldonado (Progresismo), prometieron abolir las corridas porque: “Estoy de acuerdo con los animalistas”, “estoy del lado de los animales”, “apoyó los antitaurinos”, “los animales tienen derechos”, “no permitiré maltrato animal”… Tanto, que me trajeron a la memoria la frase de Voltaire a Rousseau… “Leyéndolo siento deseos enormes de caminar en cuatro patas”.

Pero habría que recordarles, si es que de verdad están como aparentan “por los animales”, que hoy, el único animal que los humanos no matamos a traición, en condiciones de inferioridad e indefensión, es el toro de lidia.

Solo, Francisco Santos (Centro Democrático) no se animalizó, habló por las personas: “…tolerancia no es soportar lo que a nosotros nos gusta, sino precisamente tolerar lo que no nos gusta. En Bogotá tenemos que convivir todos y cuando digo todos me refiero también a taurinos y antitaurinos. Además hay una decisión de la Corte Constitucional que se debe cumplir.”

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Y se pregunta uno por qué tal animalización de la política para una ciudad urgida de humanización. La más elemental; vida, dignidad, agua, movilidad, salud, educación, libertad… Y la respuesta salta: Porque Petro lo ha querido. Ha hecho de la prohibición a los toros y el referendo con que pretende legitimarla puntos cruciales en la lucha por su sucesión.

Claro, como es de uso, compitieron en decir lo que la clientela quiere oír, en presentarse cada uno como su vocero más auténtico, el más animal en este caso. Ya lo advertía Platón, en la democracia el poder siempre termina en manos de los más avisados.

Cinco aspirantes: Clara López (Polo), Enrique Peñaloza (Equipo), Vicente de Roux (Verde), Rafael Pardo (Liberal) y Mercedes Maldonado (Progresismo), prometieron abolir las corridas porque: “Estoy de acuerdo con los animalistas”, “estoy del lado de los animales”, “apoyó los antitaurinos”, “los animales tienen derechos”, “no permitiré maltrato animal”… Tanto, que me trajeron a la memoria la frase de Voltaire a Rousseau… “Leyéndolo siento deseos enormes de caminar en cuatro patas”.

Pero habría que recordarles, si es que de verdad están como aparentan “por los animales”, que hoy, el único animal que los humanos no matamos a traición, en condiciones de inferioridad e indefensión, es el toro de lidia.

Solo, Francisco Santos (Centro Democrático) no se animalizó, habló por las personas: “…tolerancia no es soportar lo que a nosotros nos gusta, sino precisamente tolerar lo que no nos gusta. En Bogotá tenemos que convivir todos y cuando digo todos me refiero también a taurinos y antitaurinos. Además hay una decisión de la Corte Constitucional que se debe cumplir.”

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TAUROMAQUIA. Alcalino.- El Ranchero, leyenda que se agiganta

Por. Alcalino

El viernes, en el Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, la gente de la tierra –ganaderos, toreros en retiro, taurófilos, aficionados y ciudadanas y ciudadanos de a pie—produjeron un llenazo tumultuoso, a despecho de la tromba que acababa de despachar el cielo sobre la ciudad capital del estado más taurino de este país. A eso se le llama, aquí y en Groenlandia, poder de convocatoria. ¿Responsables directos? Por un lado, Carlitos Pavón, autor del flamante libro Jorge Aguilar El Ranchero. Un gran torero, Un gran hombre. Y ni qué decirlo, la leyenda del propio biografiado, un prócer de la fiesta brava y sin duda el más tlaxcalteca y el más mexicano de los toreros. ¿Qué no llegó a ser figura consagrada, como bien señalara en su clarividente intervención José Vicente Saiz Tejero, uno de los presentadores de la obra? Pues allí estaba otro de ellos, el poeta y lingüísta Manuel Camacho Higareda, para, sin dejar de reconocerlo, enfatizar que tampoco fue un torero frustrado. Pues no podía serlo alguien que, además de inmortalizar a más toros de los que caben en la memoria de cualquier erudito sobre el tema, se mantuvo siempre fiel a sí mismo y sin dejar de ser ni por un instante exactamente quien era: un singular artista del toreo y un producto neto del campo bravo y la cultura taurina de su tierra natal.
Torero de grandes faenas. Con ser, efectivamente, un torero que solía desparecer de la actualidad que le tocó vivir para reaparecer con todo su brillo en el momento menos esperado, El Ranchero ha quedado indisolublemente ligado a una larga y recordada lista de nombres de toros, célebres porque tuvieron la fortuna de caer en sus manos, que les asegurarían el pasaporte a la eternidad. En el prólogo de la obra he tenido ocasión de mencionar algunos de los más cimeros, desde los “Vajillero”, “Pistachero”, “Tragaldabas” y “Rapinegro” de su consagración novilleril –temporada novilleril de 1950 en la México—hasta los famosos “Fundador”, “Montero”, “Náufrago”, “Voluntario” –al que cuajó, en Pamplona, la que el mismo estimaba su mejor faena en España–, “Chinaco”, “pancho López”, “Viajero”, “Bogoteño”, “Huracán”, “Sol”, “Solito” y “Fundador”, que evocan hierros tan ilustres como La Laguna, Piedras Negras, Zotoluca, Rancho Seco, Atanasio Fernández, Torrecilla, Santacilia, Santo Domingo, La Punta, Mimiahuápam, la flor y nata de esa misteriosa entelequia que es el toro de lidia, capaz de darle gloria o muerte a quien ose desafiarlo sin otros argumentos que los de su valentía, saber y arte… y algo más. Ese algo más que han tenido muy poco, y entre esos pocos Jorge “El Ranchero” Aguilar, que además de grandísimo torero fue, como buen hijo de Piedras Negras, la hacienda ganadera en la que nació, charro completo, tentador superdotado y uno de los mejores derribadores a campo abierto habidos en este país.
Programa redondo. Factor decisivo para explicar que la multitud, reunida el viernes en el vestíbulo del Instituto Tlaxcalteca de Cultura permaneciera en sus lugares, inconmovible, atenta y entusiasta, la mayoría incluso de pie, pues el número de asistentes al acto rebasó con mucho las previsiones de los organizadores del mismo, fue la diversidad y riqueza del mismo. Y es que éste, además de las participaciones como presentadores de José Vicente Saiz Tejero, Horacio Reiba, Manuel Camacho Higareda y, por supuesto, Carlos Hernández González, autor, una vez más, de una obra que conjuga armónicamente pasión, investigación y profundos conocimientos en la materia, incluyó la intervención espontánea de una chica que declamó emotivamente un poema dedicado al Ranchero, no se sabe bien si con motivo de su retirada de los ruedos o de su prematura muerte, ocurrida de un infarto fulminante mientras toreaba, en Coaxamaluca y con la muleta en la izquierda, la mano de sus más grandes faenas, a una vaca brava de dicha casa ganadera, aquella fría tarde del 28 de enero de 1981. Se escuchó también con emoción otra pieza poética, nacida del fervor rancherista de un aficionado anónimo, ya desaparecido, en voz de su viuda, que supo transmitir con una voz al borde de las lágrimas un sentimiento profundo. Y, para culminar la húmeda tarde, envuelta ya en las sombras, resonó la voz emocionada de Jorge Aguilar Muñoz, el hijo mayor de El Ranchero, que así como confesó no haber visto a su padre vestido de luces sino en tres ocasiones –su despedida del público de Tlaxcala, la tarde en que se cortó la coleta en la México (18.02.68) y, pocos días después, cuando despachó un toro de Piedras Negras en la placita de tienta de dicha vacada prócer, como una deferencia especial para sus paisanos más directos, la gente de la hacienda donde había visto la luz un día de abril de 1927–, recordó las muchas mañanas de sábado en que lo acompañó a su padre a tentar a diversas ganaderías de la región, y aún de fuera de Tlaxcala, y en las que pudo admirar su exacto dominio de los terrenos y el tacto poderos y al mismo tiempo gentil de su muleta, prendas harto codiciadas por los criadores de bravo en trance de probar la bravura de sus productos en el silencio de artesanales placitas de tienta, en medio de un silencio apenas interrumpido por la voz del ganadero o el ronco desafío del varilarguero de la casa. Ritual que solía terminar, rememora el primogénito del legendario torero y de Teresita Muñoz González, en oportunidades de echar capa para novilleritos principiantes, e incluso para el propio vástago de El Ranchero, competente aficionado práctico al paso de los años.
Algo para recordar. Así como apunta la permanente irregularidad de El Ranchero –excepción ilustre, su consagratoria temporada grande 1952-53–, Saiz Tejero reconoce que Jorge Aguilar, en sus grandes faenas, alcanzaba alturas reservadas solamente a los elegidos, merced a una expresión torera propia, personal e intransferible. Reiba recordó cómo, la tarde de infancia en que conoció la Plaza México, pudo asistir a la portentosa faena del diestro de Piedras Negras con un berrendo de Santo Domingo rebautizado como “Sol”, que acudía noblemente a cites de 15-20 metros para enredarse en torno a la figura de El Ranchero, revestida de celeste y oro, el cual terminó cortándole el rabo para obtener la Oreja de Oro en disputa (19.03.61). Y Camacho Higareda, demasiado joven para haber vivido los años de oro del ídolo tlaxcalteca, evocó su cercanía con Flavio, el hermano menor de El Ranchero, hombre tranquilo y de gran bondad, como su eslabón secreto con el mundo y la figura de Jorge Aguilar González, al conjuro de cuyo nombre se volcó el viernes la gente de Tlaxcala con motivo de la presentación de la obra biográfica que le dedicara Carlos Hernández “Pavón”.
Reflexión final. La obra de referencia es a la vez una grito de rebeldía contra el enorme vacío literario que, en términos generales, rodea la historia de la tauromaquia nacional, una historia riquísima de contenido a través de infinidad de actores –matadores, subalternos, ganaderos, literatos…– cuyas vidas y hazañas permanecen en espera de quien sepa ponerlas en blanco y negra, con la exactitud y altura de que ha hecho gala el autor de este trabajo. Lo menos que puede hacer el aficionado de pro es incorporar de inmediato a su biblioteca un ejemplar de la obra de Carlos Hernández González. El resto queda a cargo de quienes, contando con el bagaje cultural, la experiencia de vida y la pasión por la tauromaquia indispensables, pudieran hacer, en el futuro, por reducir esa carencia fundamental de literatura taurina seria y buena que este país requiere y que tan contadas plumas han hecho por satisfacer.

CERET 2.015

 

 

Samedi 11 juillet 2015, 18 heures,  toros  de Dña. Dolores Aguirre Ybarra

Encaste : D. Atanasio Fernández y Conde de la Corte

2015dolores aguirredolores1dolores2 1dolores88Dimanche 12 juillet 2015, 11 heures,  toros  de D. Juan Luis Fraile y Martín

Encaste : Conde de Santa Coloma – D. Graciliano Pérez Tabernero

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Dimanche 12 juillet 2015, 18 heures, 6 toros 6 de Adolfo Martín Andrés

Encaste : Albaserrada

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El congreso de la Asociación Nacional de Clubes Taurinos de EEUU se celebrará en Almería

 

Redacción

Redacción

La Asociación Nacional de Clubes Taurinos de los Estados Unidos de América (NATC) ha elegido Almería y su feria de la Virgen del Mar para la celebración de su congreso anual, que en ocasiones anteriores ha tenido lugar en otros lugares de España como Madrid, Bilbao, Sevilla, Málaga, Salamanca, Valencia, Jerez de la Frontera, Badajoz y Logroño, además en Francia en Nimes, Arles, Dax y Mont-de-Marsan.

La NATC, integrada por once clubes taurinos estadounidenses, pretende establecer relaciones con otras organizaciones similares en otros países y, de esta forma, potenciar el desarrollo de la fiesta brava. Durante el congreso, los participantes tendrán la oportunidad de estudiar tanto la historia de Almería y Andalucía y sus tradiciones taurinas y flamencas como conocer a los aficionados taurinos para intercambiar ideas.

La organización de este evento corresponde este año al New York City Club Taurino. Este club tiene una gran tradición en la celebración de actos como las cenas de gala en Manhattan, por donde han pasado los maestros José Miguel Arroyo ‘Joselito’, Enrique Ponce, Luis Francisco Esplá, Vicente Barrera, El Fandi, José María Manzanares (hijo), Víctor Mendes, Mario Carrión, Eduardo Dávila Miura, Manuel Escribano, Ruiz Manuel y El Fundi, y los ganaderos Samuel Flores y Victorino Martín.

La NATC refleja cómo la afición a los toros en los Estados Unidos va en aumento. Muestra de ello es que clubes como Los Aficionados de Los Ángeles celebrarán su 65 aniversario, y cumplen más que 50 años la Barrera Taurina de El Paso, La Peña Sol y Sombra de San Francisco y Los Bibliófilos de América.

EL CENTAURO POTOSINO JORGE HERNÁNDEZ GÁRATE TRIUNFA EN CALIFORNIA.

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Un año mas que el rejoneador Jorge Hernandez Gárate incursiona en tierras californianas, en donde ha vuelto a triunfar de manera rotunda en los dos festejos en los que ha participado.
En este corto periplo Jorge ha actuado el sábado 6 de Junio en Tulare, California en donde alternó con los rejoneadores Alberto Conde, Joe Correia y Joao Soler-Garcia, ante toros de las ganaderías de Mira-Douro y Roberto Martins & Filos, y el viernes 12 de junio en la plaza Tracy, California en donde alterno con los rejoneadores Alberto Conde y Joe Soller García ante toros de las ganaderías de Manuel Carmo y Joao Rocha.
En ambos festejos se colgó el letrero de “No hay billetes” y Hernandez Gárate ha puesto el nombre de México muy alto, ya que en todas sus actuaciones ha dado sendas vueltas al ruedo, debido a que en California las corridas son incruentas y no se matan los toros.

TAUROMAQUIA. Alcalino.- Presentación del libro de El Ranchero Aguilar

Un torero que nunca esperó su toro –le bastaba con que su llama interior se avivara, y entonces importaba poco la catadura y el estilo del morlaco– aguardó el paso de muchas décadas antes de dar con su autor. Tenía que ser éste un hombre del campo bravo tlaxcalteca, que es como decir tan genuino y sensible como Jorge Aguilar González, que nació en Piedras Negras, se crió entre el ganado de esta divisa prócer y se hizo torero a las faldas de su Malinche, montaña atravesada por tajos y cañadas, y coronada por crines que el invierno nieva, y que no sé por qué me recuerdan tanto el toreo de El Ranchero, largo como mugido de toro en celo, templado como el viento que sin prisa baja por sus laderas, suave como las flores silvestres que crían los llanos de su tierra natal, en medio de cardos agudos como pitones… El autor, ese autor que Jorge necesitaba, se llama Carlos Hernández González, Carlitos Pavón para sus amigos, que somos legión.
Así empieza el prólogo, firmado por este columnista, del libro Jorge Aguilar El Ranchero. Un gran torero. Un gran hombre, que el Instituto Tlaxcalteca de Cultura y el gobierno del estado de Tlaxcala, conjuntamente con Conaculta, acaban de dar a la luz. Obra que nace con la impronta de indispensable en la biblioteca de todo aficionado, por cómo su autor ha conseguido revelar, desde dentro y desde fuera de los ruedos, la singular personalidad del más tlaxcalteca de los toreros, cuyo nombre lleva el coso de la capital de su taurinísimo estado. Y porque la bibliografía mexicana en la materia adolece casi de tantos vacíos como diestros de importancia ha dado este país.
La presentación del libro citado –que contiene 300 fotografías históricas, repartidas en 384 páginas de buena y sabrosa literatura– está anunciada para este jueves 18, en punto de las seis de la tarde, en la sede del Instituto Tlaxcalteca de la Cultura: Juárez 62 de la ciudad de Tlaxcala. Y allí estaremos el autor de la obra y quien esto escribe, al lado de comentaristas tan prestigiosos como Leonardo Páez, Manuel Camacho Higareda y José Vicente Saiz Tejero, todos ellos con algo propio que decir sobre el lltema que nos ocupa y sobre la tauromaquia en general.
A los lectores que deseen acompañarnoos los esperamos con verdadero gusto.
Adame, premiado en San Isidro. Dilucidados los premios oficiales a lo más selecto de San Isidro 2015, Joselito Adame se hizo acreedor al reservado a la mejor estocada, por la que fulminó, en la suerte de recibir, a “Adobero”, de El Montecillo, culminación de una faena de oreja. En el pasado, otro mexicano, Antonio Lomelín (1970) recibió el trofeo Mayte por un volapié monumental a un torazo de Moreno de la Cova; y no conforme, reincidió al año siguiente, esta vez en premio al quite más oportuno y valiente de la feria isidril por el que hizo, a cuerpo limpio, para librar al rejoneador jerezano Fermín Bohórquez, que había sido derribado por un astado de su ganadería, justamente la tarde en que se presentó en Madrid aquella recordada corrida de Mimiahuápam (22.05.71). Como es sabido, Lomelín no volvería a partir plaza en Las Ventas. Confiemos en que Joselito Adame sí lo haga.

Por lo demás, Castella fue designado triunfador del ciclo y autor de la mejor faena por la que realizó con “Jabatillo” de Alcurrucén, premiado a su vez como el mejor toro, en tanto se premiaba como corrida más completa la de Juan Pedro Domecq, con plena justicia.

Llanto de torero. Imposible cerrar el capítulo de la isidrada sin celebrar la arrebatadora faena de Rafaelillo al 4º Miura, un galán con 606 kilos, en la corrida final del ciclo (junio 7). Para empezar, “Injuriado”, recibido por el murciano con una larga de hinojos, intentó saltar al callejón. Peleó con el caballo con la cara arriba y su modo de esperar a los banderilleros nada bueno prometía. Pero no para Rafaelillo, que brindó al público y abrió faena valientísimo, con las dos rodillas en tierra. No le importó ni el parón ni la larga mirada del zaino en cuanto, puesto en pie, lo desafió desde cerca. Había descubierto cierta nobleza en el animal y se sabía capaz de traducirla en embestidas ligadas. Y como lo vio lo planteó, lo realizó y lo consiguió. A fuerza de aguante, pero también de pulso templado y muleta poderosa. A veces, una cabezada seca lo amenazaba, como en los primeros naturales, que “Injuriado” tomó girando sobre las manos. Precisamente, el mérito de Rafael Rubio fue insistir por ese pitón hasta lograr el milagro de la tersura en aquellas tres tandas, cortas pero intensísimas, que culminarían en los tres naturales de frente, limpios y completos, que pusieron la plaza boca abajo. Torero de talla pequeña, se plantaba firmísimo en la arena para traerse al miura imantado en la tela y pasárselo no ya por la faja, por el corbatín, hasta completar circunvalaciones completas; y remataba gustándose, con la misma confianza que si estuviera en una tienta, y no se arredró cuando “Injuriado”, al fin de Miura, le tiró a la pasada un derrote que le hizo trizas la taleguilla a la altura del vientre. Al contrario, ése sería el momento de inflexión a partir del cual se elevó hasta la estratósfera emocional de Las Ventas la faena más conmovedora del ciclo.
Tan conmovedora y auténtica que, cuando su espada topó con hueso en dos viajes rectos, la rabia del torero –que a la tercera enterró arriba el estoque—se hizo incontenible. Inevitablemente transformada en llanto mientras daba una vuelta al ruedo para el recuerdo, tuvo la virtud de contagiar esa efusión de lágrimas de torero a gente sensible en el tendido, a uno de los picadores de su cuadrilla, a taurinos curtidos en el callejón.
Hablábamos de la obligación de sorprendernos que tienen los toreros y que es hoy más imperativa que nunca. Y menuda sorpresa nos dio con la épica demostración de Rafael Rubio Luján, nada menos que ante un miura, noble pero no fácil, en la faena más virilmente torera de San Isidro 2015.
¿Encerrona o debacle? El contraste, la fallida encerrona de El Cid, a la deriva con los mansos de Victorino Martín. Previsible final de un gesto sólo justificado cuando la carrera de un torero está en su cenit, pero no para acentuar el largo ocaso en que desde hace tiempo se debate sin remedio el espada de Salteras. Ya es recurrente que la empresa madrileña programe estas corridas de un solo matador fuera de tiempo y de lógica. Ocurrió hace poco con Iván Fandiño –que aún arrastra en su ánimo las secuelas de ese fracaso–, y había ocurrido también con Talavante hace dos San Isidros, con Daniel Luque el domingo de Ramos de 2010. Y les paisó a Morante el de Resurrección de 2004, a Esplá con los guardiolas de 1992, a Enrique Ponce con sepúlvedas en la feria de otoño de ese mismo año e incluso a Curro Romero, que petardeó en solitario allá por 1967…
Otra cosa fue que en el apogeo de los ivictorinos –cuando entreveraban alimañas con astados de triunfo, pero garantizando emociones siempre–, las encerronas de Ruiz Miguel (19.05.86), Capea (28.06.88), Roberto Domínguez (26.06.89) y Caballero (25.06.88) resultaran modélicas. Quizá animara a El Cid el feliz recuerdo de aquellas dos suyas, también con victorinos, en Sevilla primero y más tarde en Bilbao. Pero eso fue hace mucho, cuando el celo torero y el sitio ante el toro le asistían, los cárdenos del paleto embestían de fábula y su mano izquierda bordaba el toreo. Hoy, con ambas partes de la ecuación a la baja, era encerrona carente de sentido y abocada al fracaso.

TAUROMAQUIA. Alcalino.- Con más pena que gloria concluyó San Isidro

En la isidrada de este año partieron plaza cuatro matadores mexicanos, dos colombianos y un par de novilleros nacidos en el Perú. De éstos, Joaquín Galdós, el segundo en comparecer, no tuvo tiempo de nada porque fue cogido al lancear a su primer utrero de El Montecillo y se lo llevaron a la enfermería con conmoción cerebral profunda. Pero el otro, Andrés Roca Rey, a punto estuvo de desorejar al 6º del Conde de Mayalde, el lunes 18. Barquerito (colpisa.com) lo vio así: Roca Rey quitó por saltilleras de gran compás, revolera y brionesa. Brindis al público. Parecía que podría ser gran toro, pero se acabó descomponiendo… La faena, de propuesta agobiante, fue de pronto una pelea. Roca se animó con esas trenzas de muletazos sin ayuda, cobrados con la vuelta del engaño en suerte cambiada y con cambios de mano patentados por Daniel Luque… una estocada de ley que pudo ser fatal porque el cuerno del toro le pasó rozando la mandíbula… Hay torero.
De los latinoamericanos encartelados solamente Joselito Adame dispuso de dos tardes para explayarse. En la primera, mayo 8, topó con un lote imposible de El Cortijillo. Se desquitaría el domingo 17, muy torero con su primero y rotundo en el cierraplaza, un encastado burel de El Montecillo bautizado como “Droguero”: el hidrocálido, que había animado el primer tercio por zapopinas, con la muleta le pudo, lo desengañó y terminó corriéndole la mano a placer, destacando sus limpios y mandones naturales. Lo fulminó de estocada recibiendo y cobró la única oreja mexicana del ciclo. Porque a Saldívar le tocó lo malo de Valdefresno y sólo lució en quites (mayo 10) y a Silveti, que salió con la cornada de Aguascalientes suturada –luego han vuelto a operarlo—le sobró voluntad y le faltó toro (fue segundo espada la tarde de los de Salvador Domecq y la cornada de Jiménez Fortes).

Mención aparte merece El Payo, asentadísimo y muy torero en todo momento, pese a la sosería de los de Fuente Ymbro lidiados el sábado 9. Para el citado Barquerito, La grata impresión que El Payo dejó con su quite tan bien traído al toro ensabanado vino a confirmarse luego… Para recoger al sobrero, seis verónicas embraguetadas y ligadas, dibujadas a compás, y dos medias igual de bellas las dos… Y se templó a modo El Payo: figura vertical, ajuste, brazos buenos, engaño bien volado, ligazón. Y entendimiento para tapar al toro que, en cuando sintió el poder de El Payo, se le rajó sin remedio. Excelentes pases de pecho. Una tanda con la izquierda francamente lograda. Y un ambiente de frialdad y distancia difícil de explicar y medir. ¿Público de sábado? No va a ser sencillo ver torear con tanta armonía en lo que queda de feria.

Esa armonía no la encontraría el caleño Luis Bolívar con los de Ibán (día 25: pitos en los dos), pero sí a ratos, muy meritoriamente, el antioqueño Sebastián Ritter, con su primero de Partido de Resina, un torazo cárdeno con cierta docilidad pero con mucho que torear en su aparente sosería; lo describe su paisano Jorge Arturo Díaz Reyes (blog propio): Incomprendido, Sebastián levantó con el enrazado segundo una faena de aplomo, distancia y reposo plausibles, que sus ningunos contratos enaltecían más. Iba camino de premio y lo quiso todo. Citó a recibir dos veces, pinchó tres, puso una espada en guardia, otra de bajonazo y oyó un aviso.

Y eso fue todo, por lo que a diestros latinoamericanos se refiere. Nada que agradecer a la empresa de Las Ventas. Y de nuevo, sería Joselito Adame quien, mal que les pese a ciertos empresaurios de por acá, refrendó su alto cartel en Madrid. Ángel González Abad (ABC) lo vio así de claro: La otrora revolución mexicana hubiera quedado en una manifestación pacífica de no ser por la raza que demostró Joselito Adame en el último de la corrida del domingo 17… sin saber que el toro iba a tener mucha transmisión, se fue a recibirlo a porta gayola, luego lo dejó crudo en el caballo y toreó limpio y aguerrido con la muleta. Montó la espada para soplarle un estoconazo recibiendo. Oreja de ley y volvió a erigirse en el mandamás de la tropa mexicana. Misión cumplida, Comandante Adame.

El cuento de la semana torista. Usted es empresario de toros. En Madrid, nada menos. Y tiene que cubrir, como sea, un mes completo a festejo diario por cuenta de la feria del santo patrono. En su agenda hay encierros de ganaderías en franca decadencia, rescoldos de linajes famosos. Y un montón de contratos baratos con diestros que apenas torean, porque si armara una feria basada en las figuras y en novedades de veras interesantes, las primeras se llevarían toda la ganancia. Y eso no, recordemos que usted es empresario. Y que sabe mucho de esto. Sabe que, si anunciara tal clase de toros con las mismas ternas en julio o agosto, por taquillas no pasarían ni dos mil curiosos. De ahí su estratagema maestra: llamémosla semana torista, programemos seis o siete de esos carteles en seguidilla y ya está: plaza llena, público ad hoc –con abundancia de “entendidos” en el tendido—y que viva el rey.
¿Resultado? El previsible: ni los toros embisten ni los toreros pueden. Las excepciones –Robleño, Escribano—apenas tienen ocasión de apuntar. Y hierros otrora ilustres –Ibán, Pablo Romero, Cuadri, Miura— darán para cuatro embestidas al paso, entre amagos y topetazos. También los de los primos Adolfo y Victorino Martín, de fama más reciente pero no menos claudicante. Resumiendo, ha conseguido dar cierto toque de variedad a los carteles, liquidar unos contratos a bajo costo, y a arrojar docena y media de toreros al foso de las fieras. Buena lana a cambio. Y hasta el año venidero, si Dios la vida nos presta.
Beneficencia gafada. Victoriano del Río compitió en kilos y pitones con los encierros toristas, los superó en mansedumbre –los seis huían despavoridos del peto—y convirtió la corrida de Beneficencia en opaca sucesión de monótonas porfías a cargo de El Juli y Perera, enfrascados –salvo por el tercio de quites del 4º bicho— en inexistente mano a mano. Felices, los del 7 confirmaron que, mientras ellos tengan más voz y voto que nadie en Las Ventas, El Juli no vuelve a abrir la Puerta de Madrid ni, a ser posible, a pasear una oreja más en esta su plaza. Y que todos los pereras de este mundo vayan tomando nota. Sobre todo si su aspiración es repetir triunfos como los del año pasado, cuando los tomó a contrapié y con la guardia baja.
Al margen, la confirmación de que el toreo actual, su público natural, está y estamos urgidos de toreros con imaginación, artistas capaces de reinventarse y sorprendernos. Porque Perera y El Juli –éste, sobre todo—habrán estado por encima de sus toros, pero las suyas son tauromaquias tenaces, armadas sobre el mismo troquel, poderosas y autosuficientes pero huérfanas de sorpresa. Y bien que lo pagaron.
… Y Urdiales. Diego Urdiales, riojano de Arnedo, 40 años, pocos y regateados contratos, toreó en este San Isidro tres tardes y seis toros y apenas dio una vuelta al ruedo entre opiniones divididas tras despachar a su segundo de Núñez del Cuvillo, y salió dos veces al tercio en su última comparecencia, el jueves 4, con los de Adolfo Martín. Pudo cortarle la oreja al 1º si cambia un pinchazo por el ejemplar volapié del 4º. Pero dejó esencias de tauromaquia rancia con ese toreo suyo tan natural y asentado, cadencioso y sentido en su forma de conducir el viaje atropellado de aquel toraco de Cuvillo, del abreplaza de Adolfo y, sobre todo, de “Aviador”, el noblote 4º de esa misma tarde, que apenas podía moverse y sin embargo pasó una docena de veces siguiendo la muleta imantada, suavísima del riojano. Los que claman por el toro repetidor a ultranza no salían de su asombro.
No le alcanzó para cortar oreja, pero lo que hizo, que no fue mucho –verónicas de trazo y empaque admirables, media de cartel en un quite, redondos toreando y templando de verdad, cambiados por bajo de insólita gallardía y limpio remate–, bastó para dejar un sabor distinto, ecos de Bienvenida y Chenel, músicas y aromas de otros tiempos a contrapelo con la fiesta utilitarista, orejista y monocorde de hogaño.

TAUROMAQUIA. Alcalino.- Emociones más allá de la rutina

No han faltado este año críticas al público de Las Ventas –los isidros, les decían peyorativamente antaño– tachándolo de complaciente, exagerado en sus manifestaciones de entusiasmo y taurinamente inculto. Algo de eso puede haber, cómo no. Pero más parece una reacción propia de los presuntos –y normalmente aburridos– guardianes de la pureza, celosos por el talante inusualmente distendido que el cónclave de la isidrada está mostrando, y en el fondo contrariados ante la realidad de más toros y encierros con hechuras para embestir de lo acostumbrado y, como consecuencia, de una mayor incidencia de faenas capaces de suscitar el contento popular. Por lo pronto, ahí están las 27 orejas sumadas hasta ayer –14 paseadas por matadores, 3 por novilleros y 10 por rejoneadores–, a las que bien podrían agregarse las cuatro que se cortaron en la preferia. Cifras que hace muchos años no se veían en Madrid.
En contra de lo que opinan sesudos analistas, creo que la clave no hay que buscarla tanto en su pregonada relajación de la exigencia, como en la capacidad para sorprendernos de ciertos toreros, que están llevando este factor más allá de lo habitual. El secreto está en emocionar, y para ello no bastan chabacanerías ni autoinmolaciones genuinas o fingidas. Tampoco abusar del paulatino desapego del espectador común de los gritos de pico, miau y demás lindezas verbales que, habiendo tomado carta de naturaleza en Las Ventas desde hace muchos ayeres, cada vez dicen e influyen menos. El divorcio entre la crítica más ácida y el tendido –incluido algún presidente– anuncia quizá nuevos tiempos, pero nada de esto sería posible sin un puñado de momentos de alto voltaje, propiciados por alardes toreros de repentina originalidad. Mismos que vale la pena recrear aquí, para solaz propio y desasosiego de la oposición.
Castella con “Jabatillo”. El galo está convertido en la figura de la feria, aupado por la bravura y nobleza de dos excepcionales astados de El Torero y Alcurrucén. Y el día 27, su faena cumbre resultó tal porque supo iniciarla con un tejido de muletazos de tan emotivos y bellos que enloquecieron a la parroquia y la mantuvieron en vilo durante el resto de la obra. En principio, nada insólito: el cite desde largo, quieto el torero en los medios, para cambiar hasta dos veces por la espalda el viaje del cornúpeta. Pero a partir del cuarto pase –estatuario el francés—empezó un tejido de muletazos con la zurda –firmazo, trincherilla, molinete, de pecho, desdén— de tal manera ligados en hermosísimo conjunto que pusieron la plaza boca abajo.
El coloradito de Alcurrucén siguió embistiendo deliciosamente y la faena ya no perdería vuelo ni siquiera cuando sobrevino un desarme. Los muletazos en redondo –tersos, largos y templados–, se sucedían sin solución de continuidad, y se confirmó el galo como consumado artífice del pase natural. Pero ni la excelente faena ni la defectuosa estocada –desprendida, trasera y tendida—justificarían las dos orejas, de no mediar el ramalazo de emoción que fue aquel memorable inicio. Que, de paso, animó a “Jabatillo” a embestir y embestir sin tregua, de modo que el juez tuvo la humorada de ordenar vuelta póstuma a sus restos, ignorando de manera flagrante su flojo comportamiento en varas.
Luque con “Destajoso”. Con la capa, Daniel Luque lo reúne todo: clasicismo, mando, suavidad y una llamativa prestancia. En realidad, son éstos los rasgos esenciales de su toreo, que tendría que cuajar más pronto que tarde para colocarlo en la primera fila. Mientras eso ocurre, tuvo que sobreponerse a un volteretón tremendo en el segundo muletazo, pase de costado en los tercios, aguantando la embestida desde largo del juanpedro, tercero de un gran encierro, por ahora el más completo de la feria.
Fue la primera nota de emoción –emoción ante la inminencia de una cornada que pudo ser gravísima y venturosamente quedó en nada– de una faena que iría a más, hasta culminar en la tanda de luquecinas que la afianzó como obra de dos orejas. La luquecina, ya conocida de los madrileños pero ejecutada esta vez con ajuste y precisión alucinantes, es una especie de fregolina con la muleta que este joven sevillano da, abandonado al libre juego de su instrumento torero sin ayuda de la espada. Su originalidad está en la sucesión, ese ligar los pases con el envés de la flámula que esta vez alcanzó cotas de enorme belleza y emoción. Las orejas las perdió porque su estoque hizo guardia. Si le dieron una por aclamación, cúlpese al efecto magnético de esa tanda final, que alborotó al gentío y elevó el nivel de una faena de ajuste y temple netos en repetidas tandas por el pitón derecho, pues por el otro “Destajoso” punteaba y se vencía.
Talavante con “Ballenito”. Alejandro, un favorito de Las Ventas, sorprendió a Madrid por enésima vez con su inicio de faena a “Ballenito”, un juanpedro fijo y encastado, que empezó embistiendo de película pero perdió confianza al pisar mal y dañarse levemente una pata durante el primer tercio. Ya había malogrado Talavante con la espada su primera faena –con otro toro bueno–, y “Ballenito” era el último de los seis que despacharía en la isidrada de este año. Así que salió por todas y para empezar el muleteo se plantó de hinojos en el tercio en una estampa antigua, como de Joselito o Gaona. Acudió fiero el astifino burel, aguantó mecha el lidiador y se sucedió una tanda de muletazos por alto sin la mínima enmienda y de cada vez mayor ajuste; éste, al quinto o sexto pase, era ya asfixiante, se presentía la cogida o la descompuesta huida del diestro, y en ese momento, al revolverse en corto el bicho, Talavante acudió a la solución más inesperada que imaginarse pueda: colocando el engaño por detrás, se sacó la acometida con una arrucina ceñidísima, añadió el de pecho zurdo como remate, y sólo entonces se incorporó como un resorte para sortear la postrera embestida con majo y andante desdén y salir a saborear una de las ovaciones más fuertes y entregadas de la feria. Como que correspondía a la entrega de un torero capaz de añadir un toque brava y estéticamente personal a lo que, mal o bien, se ve todos los días.
Lo que siguió, con un toro al que el defecto físico señalado impedía descolgar e hizo dudar varias veces en mitad de un pase, no fue una faena plenamente cuajada, pero Talavante aprovechaba los instantes de duda del toro para repentizar en la cara y seguir sorprendiendo y emocionado. Por eso, tras dos pinchazos y una entera, la gente, rendida, lo obligó a dar una vuelta al ruedo harto significativa, tributo de gratitud hacia quien mejor combate actualmente la rutina del toreo.
Más toros buenos. A los mencionados habrá que añadir varios ejemplares notables en el curso de la tercera semana isidril. Ninguno de Las Ramblas, aunque el castaño y veleto “Diablo”, 3º del día 24, huidizo en varas, lució arrogante estampa y permitió que López Simón se acoplara a su dócil embestida para empezar a fraguar, oreja mediante, la primera puerta grande de un matador. De Puerto de San Lorenzo vino un “Buscapán” con nobleza y mucho que torear al que Abellán no aprovechó debidamente. Decepcionaron los de Alcurrucén y Victoriano del Río con dos excepciones: la del premiado “Jabatillo” y la del 2º de Del Río, un “Vampirito” pronto, codicioso y con clase, al que El Fandi muleteó a su manera, técnicamente impecable, físicamente distanciada y expresivamente insípida: a otros les perdonarán sus falencias pero no al granadino, casi abroncado. Vino luego la de Juan Pedro Domecq, encierro ejemplar, con al menos cuatro toros de alboroto, los ya reseñados “Destajoso” y “Ballenito” y los dos primeros, que cayeron en las manos: “Delineante” de un Finito de Córdoba tan estético como medido, y “Embestido” de un Talavante con momentos extraordinario pero un tanto desigual y recalcitrante como pinchauvas.

La contra. Los percances de los novilleros David Escudero y Joaquín Galdós –Francisco José Espada se quedó con los seis, desorejó al 4º y pudo abrir la puerta grande—y del banderillero Domingo Valencia, fuera de peligro los tres, dieron fe de lo duro que es esto. Y las declaraciones del ganadero de El Montecillo Francisco Medina, responsabilizando a los veterinarios por el rechazo de su novillada completa y la revista de hasta 30 astados para apartar los seis galafates finalmente lidiados, entre ellos dos de desecho, destinados a correrse en las calles. Una política, asegura el ganadero, claramente atentatoria contra el futuro de la fiesta, al arrojar a los noveles a los leones.

AGUASCALIENTES. Certamen El Cristo Roto Feria de San Marcos 2.015

 CERTAMEN EL CRISTO ROTO

DEL SERIAL TAURINO DE LA FERIA DE SAN MARCOS 2015

LUEGO DE UNA VOTACIÓN QUE RESULTÓ MUY REÑIDA EN VARIOS RUBROS,

LOS ACREEDORES A ESTOS RECONOCIMIENTOS RESULTARON LOS SIGUIENTES:

MEJOR TORO

AROMA DE TORO DE LA GANADERÍA DE FERNANDO DE LA MORA

TORO DE REGALO LIDIADO EL DOMINGO 3 DE MAYO POR DIEGO SILVETI;

FUE CONSIDERADO POR EL JURADO EL MEJOR TORO DEL SERIAL,

INDEPENDIENTEMENTE DE QUE SI FUE O NO MERECEDOR DEL INDULTO.

MEJOR ENCIERRO

FUE DESIGNADO COMO MEJOR ENCIERRO EL DE A GANADERÍA DE

FERNANDO DE LA MORA LIDIADO EL SÁBADO 9 DE MAYO POR

RIVERA ORDOÑEZ, ARTURO MACIAS Y MARIO AGUILAR.

MEJOR FAENA

SE CONSIDERÓ QUE LA MEJOR FAENA FUE LA REALIZADA EL DÍA

2 DE MAYO POR JOSE TOMAS AL TORO POLLO QUERIDO

DE FERNANDO DE LA MORA, PREMIADA CON DOS OREJAS.

HUBO VOTOS PARA FABIAN BARBA, EL JULI Y DANIEL LUQUE.

TRIUNFADOR ABSOLUTO

TAMBIÉN SE DESIGNÓ COMO TRIUNFADOR DEL SERIAL A JOSE TOMAS;

HUBO MENCIONES PARA ARTURO MACIAS, Y EMILIANO GAMERO.

NOVILLERO TRIUNFADOR

LA VOTACIÓN DEL JURADO FUE UNÁNIME EN ESTE RUBRO,

EN EL QUE FUE DESIGNADO COMO TRIUNFADOR AL

NOVILLERO REVELACIÓN LEO VALADEZ

RECONOCIMIENTOS ESPECIALES

COMO CADA AÑO, SE RECONOCE TAMBIÉN A TOREROS

QUE DESTACAN POR SU ACTITUD Y PUNDONOR, POR LO QUE

EL JURADO RECONOCIÓ EL CARÁCTER Y ENTREGA DEL

REJONEADOR EMILIANO GAMERO Y DEL MATADOR ARTURO MACÍAS.

SUBALTERNO DE A CABALLO

EL RECONOCIMIENTO AL MEJOR SUBALTERNO DE A CABALLO DE

ESTE SERIAL  FUE PARA EL VETERANO NACHO MELENDEZ,

QUIEN COMPITIÓ REÑIDAMENTE POR LA DESIGNACIÓN CON

EL JOVEN GUILLERMO COBOS.

SUBALTERNO DE A PIE

TAMBIÉN ESTA DESIGNACIÓN RESULTÓ MUY REÑIDA, PUES CON

SOLO UN VOTO DE DIFERENCIA FUE DESIGNADO ALEJANDRO PRADO

COMO MEJOR SUBALTERNO DE A PIE, SOBRE JOHNATAN PRADO DE

LA MISMA FAMILIA DE TOREROS.

LOS MIEMBROS DEL JURADO DE ESTE CERTAMEN SON LOS PROPIOS MIEMBROS

DEL CENTRO TAURINO MEXICO ESPAÑA, ADEMÁS DE LOS CRONISTAS Y

COMENTARISTAS TAURINOS ADRIAN SANCHEZ, FRANCISCO VARGAS Y SERGIO

MARTÍN DEL CAMPO, QUIENES NOS REUNIMOS LA NOCHE DE AYER 10 DE MAYO

AL TERMINO DE LA ÚLTIMA CORRIDA DE LA FERIA EN LA SEDE DE ESTA PEÑA

A DELIBERAR Y LLEVAR A CABO LA VOTACIÓN CORRESPONDIENTE.

LOS RECONOCIMIENTOS COMO TODOS LOS AÑOS, SERÁN ENTREGADOS EN LA

CEREMONIA QUE SE EFECTUARÁ EL PRÓXIMO MES DE OCTUBRE, CERCA DE

LA FERIA DE CALAVERAS EN QUE SE CELEBRAN TAMBIÉN IMPORTANTES

CORRIDAS DE TOROS EN ESTA CIUDAD DE AGUASCALIENTES.

ESTUDIO SOBRE LA VISIÓN DEL TORO Por P. Barrera

El trabajo realizado por Juan Manuel Bueno, miembro del Laboratorio de Óptica y Director del Departamento de Física de la Universidad de Murcia (UMU), Juan I. Seva, J. Manuel Sanes, y F. Martínez- Gomariz de la Facultad de Veterinaria de la Facultad de la UMU, ha recibido el premio a la mejor Comunicación Científica en el X Symposium del Toro de Lidia en Zafra.

Para conocer mucho más, todo lo posible, y ofrecerlo en exclusiva a los lectores de OyT, Juan Manuel Bueno nos concede una entrevista sobre esta interesante investigación, contestando con sencillas palabras a nuestras preguntas, para que todos entendamos bien los términos científicos de los que habla.

A pesar de su juventud Juan Manuel Bueno tiene un amplio curriculum. Es Licenciado en Ciencias Físicas  por la Universidad de Salamanca y Doctor en Física (especialidad en Óptica). Desde 1994 es miembro del equipo científico del grupo de investigación “Laboratorio de Óptica” en el Centro de Investigación en Óptica y Nanofisica de la Universidad de Murcia (UMU). Actualmente es Director del Departamento de Física de esta Universidad y presidente del Comité de Ciencias de la Visión de la Sociedad Española de Óptica. Además tiene en su haber más de cuarenta publicaciones científicas de alto impacto; 150 comunicaciones a congresos científicos y más de 50 conferencias invitadas en centros de investigación internacionales de reconocido prestigio de países como Canadá, EEUU, Irlanda o Italia.

 

-¿Es la primera vez que se hace este tipo de investigación en España?

No sólo en España sino en el Mundo. Esta es la primera vez que de forma experimental se ha medido la calidad óptica visual de un animal, tan nuestro como es el toro de lidia.

 

-¿Qué fue lo que originó esta investigación?

El estudio de la visión en animales se aleja bastante de lo que nosotros hacemos en el laboratorio, donde principalmente investigamos aspectos relacionados con la óptica visual del ser humano. Por avatares de la vida, entre los que he de incluir mi afición taurina, me puse en contacto con Juan Seva, Vicedecano de la Facultad de Veterinaria de la UMU y veterinario de la plaza de toros de Murcia. Tras varias conversaciones decidimos intentar ligar su amplia experiencia veterinaria en el toro de lidia con los aspectos visuales y ópticos en los cuales centro mi actividad investigadora desde hace años. Es decir, nuestro objetivo fue estudiar en detalle la óptica del ojo del toro de lidia, que nos llevara a “descifrar cómo ve el toro” y con ello poder potencialmente llegar a comprender el comportamiento del animal tanto en el campo como en el ruedo.

¿El toro ve de distinta manera que el humano?

El sistema visual de este animal es similar al de los humanos desde el punto de vista fisiológico y en él pueden distinguir 3 etapas. La 1ª etapa es la Etapa Óptica, en la que las lentes fisiológicas del ojo (córnea y cristalino) forman la imagen del mundo exterior sobre la retina. En este sentido el ojo es como una cámara de fotos donde las lentes son el objetivo y la retina, la película fotográfica (o en términos más modernos el chip CCD). La 2ª es la Etapa Retiniana en la cual la luz que ha llegado a la retina se transforma en impulsos eléctricos que a través de las fibras nerviosas que cubren la retina llegan al nervio óptico y de ahí al cerebro. Finalmente, la 3ª Etapa es la Neuronal en la cual el cerebro interpretará la información que le ha llegado. Para que el sistema visual funcione bien las tres etapas han de llevar a cabo su función correctamente. Nosotros, al día de hoy, solamente hemos estudiado lo que ocurre en la primera etapa, es decir si la imagen que forman las lentes del ojo se sitúa sobre la retina o por el contrario ésta se localiza bien delante, bien detrás de ésta. En el primero de los casos estaríamos ante un ojo emétrope que vería bien de lejos y de cerca, para entendernos, no necesitaría gafas. Si la imagen se sitúa delante de la retina, tendríamos un ojo miope, que no vería de lejos. Si por el contrario, la imagen se forma detrás, el ojo sería hipermétrope y por tanto con dificultades para ver objetos cercanos. El estudio de esta 1ª etapa se basa fundamentalmente en la medida del estado refractivo del ojo, de forma que podamos inferir si el animal ve bien de lejos, de cerca, a distancias intermedias o a todas las distancias.

 

-¿Llegaríamos a ver toros con gafas?

No, no lo creo. La idea podría parecer descabellada pero hay colaboradores nuestros de Alemania y Canadá que han puesto gafas a pollos para estudiar el origen de la miopía. Si bien es cierto, el toro bravo es un animal peculiar por decirlo de alguna manera, pero algunos investigadores han llegado a medir la refracción en animales tan exóticos como elefantes y rinocerontes. Nuestro estudio podría arrojar cierta luz sobre el comportamiento del toro cuando sale a la plaza, al menos en los aspectos ligados a su calidad visual. En el campo el animal es libre, se comporta a su aire y nadie se preocupa por estos detalles. Pero cuando él llega a la plaza, todos los aficionados sabemos que tienen ciertas querencias, a parte de que sea bravo o no. El embestir por un pitón o por otro es algo que a la gente del toro le “trae de cabeza”. Pero no sólo eso, el toro además de presentar querencias hacia un lado o hacia otro, tiene unas ciertas zonas donde no ve, algo similar (salvando las distancias) a los ángulos muertos de los espejos retrovisores de un coche. La combinación de las zonas de visión nítida (lejos-intermedia-cerca) y los ángulos muertos son esenciales. Nuestro objetivo es utilizar las medidas ópticas para intentar justificar el comportamiento del toro.

 

-La diferencia del campo a la plaza, de luz y color, ¿influyen en la visión del toro?

Por raro que parezca, no hay demasiados estudios sobre el toro de lidia. Apenas se ha estudiado cómo funciona el sistema visual de los bovinos en general. Hay algunos estudios de comportamiento (psicología experimental), ya bastantes antiguos, que concluyen que en el caso del toro no hay nada que indique una predisposición especial por el color rojo. Esto, unido a que en el ambiente natural en el que se desarrolla el animal hay una carencia de tonos rojos, puede haber llevado, según algunos autores, a que evolutivamente la retina del ojo del toro haya prescindido del pigmento rojo. En este sentido, el ojo del bovino sería dicrómata (protanope para ser más exactos), con lo cual los colores que ven serían diferentes a los que vemos los humanos. Hemos de desterrar la idea de que un ojo protanope no ve el rojo. Esto es completamente falso. Sí ven el rojo pero no el rojo que vemos los que tenemos tres tipos de pigmento en la retina (rojo, verde y azul). Quiero añadir que nosotros no hemos realizado estudios fisiológicos sobre los tipos de células fotorreceptoras de la retina y simplemente me remito a lo que está en la literatura. Por tanto, el toro no se siente atraído por el color del engaño, sino por el movimiento de éste. Los estudios de comportamiento que acabo de citar muestran además que el animal se siente más atraído cuanto más se mueve el engaño y menos familiar le resulta éste. De hecho en la retina existe también un tipo de células fotorreceptoras (denominados bastones) que son las responsables del apreciar el movimiento. Es posible que la distribución de estas células sea diferente entre los bovinos y los humanos, en los cuales la densidad de bastones aumenta hacia la periferia de la retina y es nula en la zona central de ésta. Desconozco si hay o no estudios científicos sobre este tema en particular. Por otra parte la refracción ocular es independiente de la luminosidad y por lo tanto no cambiaría de estar a campo abierto en pleno día o durante el atardecer, tampoco de estar en una plaza de toros a media tarde o en una corrida nocturna. Lo que sí existe en el ojo son unos mecanismos retinianos que permiten que el sistema visual se adapte a diferentes grados de iluminación externa. Estos mecanismos relacionados con la adaptación del sistema visual a la oscuridad están muy estudiados en el ojo humano. De hecho el refrán tan castizo “de noche todos los gatos son pardos” tiene su razón de ser, pues a bajos niveles de luz las células de la retina denominadas conos (responsables de la visión de detalles con altos niveles de luz) dejan paso a los bastones (encargados, además de la visión del movimiento al que antes aludía, de la visión a bajos niveles de luz). En resumen, deficiencia o excesos en la iluminación no producen cambios en la formación de imagen en el ojo, pero sí en el funcionamiento de la retina.

-¿El comportamiento del toro puede variar si se lidia en verano o en invierno, con luz natural o artificial?

En mi opinión el comportamiento sí cambiaría con diferentes grados de luminosidad, lo que dudo es que éste se pueda predecir de antemano. De hecho uno de nuestros objetivos es ligar visión y comportamiento hasta donde nos sea posible. Creo que con el tiempo, trabajo, esfuerzo y financiación podríamos en un futuro llegar a entender hasta qué punto los factores visuales contribuyen al comportamiento del animal.

 

– Los ojos del toro están a los lados de la cara ¿cruzarse durante la lidia al pitón contrario es una ventaja para el torero?

Siempre hago la comparación con los humanos que es donde llevamos muchos años centrando nuestro trabajo. Por la disposición de nuestros ojos, los humanos disponemos de visión frontal binocular. Por el contrario el toro no tiene una visión frontal pues la disposición de sus ojos es lateral. Existen estudios que dicen que el campo visual lateral de cada ojo individual es de unos 110-115º (180º es un plano). La combinación de ambos da lugar a un cono central de tan sólo 20º de visión binocular cuyo vértice está a una distancia nada despreciable del hocico del animal. Obviando por un momento el hecho de que la refracción del ojo no permita al toro ver de cerca nítidamente, la existencia de este cono en la zona central, indica que hay una distancia a partir de la cual no puede ver objetos nítidamente pues están en una zona excluida de su campo visual (tanto mono como binocular). Seguramente el torero no sabe nada de la visión del toro, pero sí sabe que cuando se coloca en cierta posición el toro no le ve. Cuando el torero se cruza al pitón contrario se está moviendo dentro de esa zona de exclusión visual (o ángulo muerto). Hasta que no le muestra la muleta y ésta sale de esa zona, el toro no vería nada.

 

-¿Torear con la izquierda es más difícil que torear con la derecha?

Justamente, torear por naturales es más difícil, pues evidentemente la muleta no tiene la espada, es más pequeña y está más cerca del cuerpo, con todo lo que ello implica al pasar el toro. ¡El arte tiene su razón de ser! De hecho una de las hipótesis de nuestro trabajo como ya he dicho anteriormente es justificar, de alguna forma, que el comportamiento durante la lidia está de alguna forma ligado a la función visual (aunque no totalmente). Los humanos tenemos un ojo dominante que usamos habitualmente para mirar a través de un instrumento óptico (microscopio, mitra telescópica,…). Nuestra idea es que es posible que en el toro pase algo similar, es decir que se sienta más cómodo “en sus tareas” utilizando un ojo u otro (un pitón u otro). Podría ocurrir que el ojo dominante presentase menores valores de refracción, pero no necesariamente, pues hay otras dos etapas del sistema visual en juego que podrían tener una influencia particular. Nuestra meta es llegar a relacionar en la medida de lo posible el comportamiento durante la lidia con su calidad óptica.

 

-Sería una “bomba” si se demuestra ese comportamiento

Hemos arrancado con estudios en ojos en estado post-mortem, aunque ya hemos hecho pruebas preliminares en vivo. Si en un futuro próximo pudiésemos corroborar nuestra hipótesis sería una especie de revolución. Si se me permite la expresión, estaríamos ante el “José Tomás de la óptica visual taurina”. Podríamos decir de antemano los toros que potencialmente van a ir mejor por un pitón que por otro (¡¡a algunos profesionales del toreo les vendría de perlas!!). Obviamente esto no es la panacea y siempre hay que tener en cuenta el margen de error, ya que el estudio visual no es infalible y por supuesto hay otros factores de comportamiento a tener en cuenta, que son los menos controlables y más difíciles de cuantificar.

 

-¿Esa visión influye para que un toro se acueste o se cuele por un pitón o por el otro?

Soy de la idea que esto puede influir. Cuando hay un desequilibrio entre ambos ojos, de alguna forma el animal no se siente a gusto y en esos momentos en que se cuela es porque quizás el torero esté en la “zona de peligro” donde el toro tiene tendencia a ir. Estamos aún en los inicios, esto es algo que nos gustaría ir concretando con el tiempo y después de muchas medidas.

 

-¿El toro pierde visibilidad a lo largo de la lidia?

En mi modesta opinión, creo que no. El cansancio es evidente que tiene una influencia directa sobre el sistema motor del animal. Todo eso que se oye por ahí de que por el estrés el animal pierde vista durante la lidia es algo que científicamente y hasta donde yo sé, está por demostrarse. Es posible que el cansancio lleve a una merma en el rendimiento visual, pero ésta no está en la etapa óptica. En el tiempo que dura la lidia, no creo que haya cambios en la visión del toro al menos desde el punto de vista puramente óptico. Si existe, lo más probable es que esté en la etapa neuronal, a la que evidentemente nosotros no nos dedicamos.

 

-¿En la suerte suprema el torero se pone en el campo visual del toro?

Se están haciendo medidas morfológicas de la cabeza del toro, pues la zona de exclusión visual de la que antes hablaba depende de la distancia que hay entre los ojos. El ser (en términos taurinos) “ancho o estrecho de sienes”, influye. En términos generales y en las mismas condiciones experimentales, en el toro ancho de sienes la zona de exclusión visual sería más larga que en el toro estrecho se sienes. Dicho de otra forma, la distancia que hay desde el hocico del toro al punto donde el toro empezaría teóricamente y en las mejores condiciones visuales a ver con los dos ojos, sería mayor en un toro ancho de sienes que en un toro estrecho de sienes. Evidentemente el torero mide sus distancias, pero sería bonito grabar la escena y ver las distancias para luego relacionarlas con el ancho de sienes que podemos medir en el desolladero una vez que el toro ha sido arrastrado.

 

-Le damos las gracias al Sr. Bueno por dedicarnos estas importantes consideraciones para OyT y, por supuesto, seguiremos muy de cerca esta interesante investigación.