YO SOY TAURINO

Nuestro Socio Edward Soler nos envia este articulo del blog  magnificomargarito.com

Si en una corrida de toros solo ves la muerte del animal, es una barbaridad. Si lo reducimos a eso, estamos de acuerdo; a mi también me da pena ver a un toro sufrir y de hecho los toreros que matan mal y provocan un dolor y un sufrimiento innecesario al animal se llevan enormes pitadas y todo el desprecio de los aficionados. No conozco a un solo aficionado a los toros que disfrute con la muerte de un toro, no somos unos psicópatas. Pero tampoco conozco a ningún aficionado a las langostas que disfrute viendo como se retuercen al ser sumergidas vivas en agua hirviendo. No conozco a ninguna persona a la que le guste ver los chillidos del cerdo cuando le degüellan, le cuelgan y muere desangrándose poco a poco. A mi no me gusta ver morir toros, ni langostas, ni lechazos, ni moscas. Me produce una enorme pena ver ese último instante, el paso binario del uno al cero, del ser al no ser, la despedida de la vida hacia la incógnita eterna. No me gusta nada, en ningún caso, aunque no todas las despedidas son iguales. Un simio nos genera más empatía que el resto de mamíferos, y a su vez los mamíferos nos producen más empatía que los peces, y los peces que los insectos, porque la empatía funciona por identificación y nos identificamos más con los más parecidos. Compartimos con los simios y con el resto de mamíferos mucho más que con un pez o un escarabajo y, por lo tanto, su muerte nos produce más pena. Del mismo modo, la muerte de un insecto nos produce más pena que la de otro tipo de ser vivo que sea del reino vegetal y no del animal, -un geranio por ejemplo. Y la muerte de una persona más que la de un simio, porque supongo que estaremos todos de acuerdo en que una persona es más importante que un animal. Si esta última premisa no está clara, tienes un grave problema mental y te lo deberías mirar porque eres peligroso. Esto no es debatible. La persona más odiosa del planeta es más importante que cualquier animal. La vida de Pablo Motos, pongamos un ejemplo, vale más que la de tu perro.

Pero pasa una cosa: pasa que el ser humano es un depredador, pasa que el ser humano mata animales. Lo hacemos todos, no solo los que lo hacen físicamente. Yo no he matado un bicho en mi vida, no tengo cojones para ello, me moriría de pena y por eso pago –al igual que tú- a otros para que lo hagan y así poder comerme una merluza, unas lentejas con chorizo, una pechuga de pollo o un sándwich de pavo. Todos y cada uno de nosotros matamos animales; no eres más que yo por poner un precioso torito muriendo en facebook, no te da mas pena que a ti que a mi ese toro vomitando sangre. Ni un solo antitaurino tiene más amor hacia el toro bravo que un taurino, ya vale. Al igual que los cazadores, los aficionados a los toros suelen ser enamorados de los animales, así que no me pongas la fotito de los cojones a no ser que quieras que te ponga yo a ti la de un corderito sacrificado, o la agonía de un cerdo de dos semanas de vida boca abajo. ¿Hasta donde puede llegar tu cinismo?

A todos nos da pena ver morir a un toro pero el toro bravo es un animal que no tiene otra función que morir en la plaza, al igual que otros que tienen la función de morir en el matadero para alimentarnos, para darnos cuero, grasas o lo que sea. Los perros se crían para darte felicidad y compañía, no para comértelos. Cada animal sirve para lo que sirve y los toros de lidia sirven para la lidia. Es un animal que no vale para la agricultura, que no vale para la cría de carne, y que su crianza es tan sumamente larga y costosa que no es rentable para nada que no sea la lidia. Nadie criaría toros de lidia si no hubiera lidia. Y meter a un toro a un zoo es como meter a Rocky en catequesis. El toro bravo es una animal mitológico, mágico, hay algo atávico en la lidia. El toro bravo ataca al ser humano, tiene instinto asesino y medirse a esa bestia de seiscientos kilos y dos pitones de un metro cada uno con una espada y una muleta no es lo mismo que matar a un animal doméstico e inofensivo de una descarga fría y terrible. Los toros son agresivos y si pueden te matan, porque ese precisamente es su misterio, que un hervíboro tenga instinto asesino y genere endorfinas en la faena. Por cierto, que el toro tampoco te va a comer a ti si te mata.

No voy a entrar hoy en si los toros son o no son arte o cultura porque si no te gusta, no te gusta y punto. No te voy a convencer de lo contrario, primero porque es imposible y segundo porque me da exactamente igual que te guste y seas capaz de entender o no el arte que hay –en mi opinión- en la tauromaquia. En mi opinión y en la de asesinos analfabetos como Goya, Picasso, Alberti, Lorca, Hemingway, Dalí, Orson Welles, Ortega y Gasset, Buñuel, Miró, Calamaro, Sabina, Serrat y un inacabable etcétera. Si no te gusta, no te gusta. Esto se siente o no se siente y es imposible para mi explicarte lo que siento cuando veo ligar una buena faena a Morante de la Puebla, del mismo modo que para ti será imposible explicarme por qué amas a tu mujer y lo especial que la encuentras. Es una cuestión de sentimientos y no se pueden explicar.

Comprendo que no te guste, comprendo que no lo consideres un arte, comprendo que te de mucha pena ver morir a un toro, comprendo que solo veas a un ridículo hombrecillo vestido de payaso haciendo putadas a un animal. Lo comprendo todo. Pero te pido una cosa: no te olvides nunca de que cada vez que me llamas asesino a mi por sufragarlo, te llamas asesino a ti por entrar en una carnicería. Y que cada vez que yo lo sufrago no llevo a los toros a la muerte sino que permito que se sigan criando toros que de otra manera jamás nacerían. Y que cada vez que tú luchas contra las corridas de toros, luchas sin saberlo por la extinción de esta especie. Los toros no son alegres animalillos que pastan libres y luego llegan unos señores a matarles. Es justo al reves. Si no hubiera lidia no habría toros pastando durante toda su vida (vida por cierto que ya querría yo para mi).

Entiendo que tu puritanismo y tu blancura nuclear vea en mí a un asesino oscuro manchado de sangre, sediento de muerte, pero no te olvides que eres un ser humano, formas parte de la humanidad, de toda la humanidad, y estás tan manchado de sangre y de muerte como yo, aunque no la quieras ver. La vida y la muerte, son tu patria. Y la luz y la sombra, y el animal y la persona, lo masculino, lo femenino, la arena, el tendido, el triunfo y el fracaso, la alegría y la tristeza. Prohíbe si quieres los toros pero jamás podrás prohibir el instinto del toro ni el del torero. Ni mi capacidad para emocionarme cuando vea a uno enfrente del otro.

TAUROMAQUIA. Alcalino.- Los antitaurinos y la carta de Castella

Por Alcalino

El pasado martes 11, este columnista estuvo en la querida y muy taurina ciudad de Huamantla, invitado a inaugurar el ciclo cultural paralelo a su feria tradicional. Elegí como tema Los enemigos de la Fiesta, referido tanto a los de fuera como a los de dentro. Ese mismo día, los principales diarios de España publicaban una carta firmada por el diestro francés Sebastián Castella en la que, por fin, una figura del toreo se atreve a reclamar de la autoridad el cumplimiento de los diversos artículos constitucionales –tanto de la Unión Europea como del Estado español–, activamente vulnerados por el antitaurinismo organizado en su pretensión de prohibir las corridas de toros, mismo que, ante la nula reacción gubernamental, ha llevando su escalada hasta la arena de las plazas de toros, invadidas por abolicionistas para agredir toreros, perturbar la marcha del espectáculo e insultar al público presente.
La carta de Castella. El espada galo no se limita a denunciar las agresiones. Señala uno a uno los artículos constitucionales constantemente violentados por el furor antitaurino, desde el que garantiza la seguridad personal, amparada por el 6 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, hasta el que protege al ciudadano comunitario contra cualquier forma de discriminación (art. 21), pasando por los que garantizan la libertad de pensamiento (art. 10), la libertad de expresión (art. 11) y la libertad de las artes (art. 13).
En cuanto a sus precisiones con la Constitución española en la mano, Castella no es menos explícito: el estado tendría que proteger a la fiesta brava, a sus profesionales y a sus seguidores de quienes acostumbran violar sus artículos 14 (“los españoles son iguales ante la ley”), 18 (“Se garantiza el derecho al honor”), 20 (“Se reconocen y protegen los derechos (…) a la producción y creación artística) o 35 (“Todos los españoles tienen el deber y el derecho al trabajo). Identifica a la corriente animalística con una persecución ideológica y política que ha reducido a los profesionales y aficionados al toro a ciudadanos de segunda, al intentar privarles de su derecho al trabajo y a la libre elección y al ejercicio de sus preferencias artísticas, mientras se vulnera su honor al tildarlos de asesinos y de seres incivilizados y peligrosos, y todo en nombre del progreso social y moral, del cual la UE, por cierto, se está alejando a grandes pasos. Y no precisamente por causa de la tauromaquia.
El matador nacido en Béziers y avecindado en España reconoce que pronunciarse como él lo hace está mal visto. Pero –concluye—“o se acaba el tiempo de la vergüenza o se acabará el nuestro… Primero cercenarán nuestra libertad, y después seguirán muchas otras… Porque hoy son los toros, pero mañana será cualquier otra manifestación artística que no les caiga en gracia. El pensamiento único es así… (siendo que) El toreo no es de izquierdas ni de derechas. Es de poetas, pintores y genios. De Lorca y de Picasso, dos artistas poco sospechosos de fascistas ni asesinos. Es del pueblo.”

Finaliza con una petición un sí es no es utópica: “Salgamos del armario y llenemos las plazas. Tomemos las calles. Son tan nuestras como de los prohibicionistas. Y nosotros somos más. Y podemos gritar más fuerte. No hay mayor verdad que la de un hombre ante un toro bravo. En nuestra mano está que no nos la quiten.”
Que se sepa, el francés es el primero en abandonar la táctica del avestruz que ha caracterizado a los taurinos frente a los antis. Hace honor al país de la libertad, donde nació, y a la ética de la profesión con la que se gana la vida, a trueque de exponer la suya tarde a tarde. Así lo reconoció su colega Morante de la Puebla al brindarle un toro al día siguiente, en Gijón. Además, da en el blanco al denunciar la hipocresía de esos abolicionistas tan ruidosos y activos contra la Fiesta como silenciosos e indiferentes a causas verdaderamente sociales. Ayer, Castella se encerraba con seis toros en la plaza del Puerto de Santa María a beneficio de la Fundación Down de España.
Los enemigos de la Fiesta. Por puro azar, para abrir la feria cultural en el auditorio Fundadores del Museo Taurino de Huamantla elegí como tema precisamente el de Los enemigos de la Fiesta, una sintética disección tanto del mal que viene de fuera –de ese pensamiento único, de raíz anglosajona, aludido por Castella—como del que corroe a la tauromaquia desde dentro. Presento aquí un resumen sumarísimo de lo dicho ante una numerosa audiencia de buenos aficionados, en el marco de un sentido homenaje al maestro Manuel de la Vega, humantleco ilustre y actual director de la Casa de Cultura local.
Como son harto conocidas y tema frecuente de esta columna las lacras que denigran en México a la fiesta alguna vez brava –en perversa colusión diestros sin ética, apoderados corruptores, ganaderos corruptibles, autoridades corruptas, empresarios facciosos y sin visión de futuro, públicos conformistas e incultos y medios indiferentes o cómplices–, me gustaría centrarme hoy en el tema referido por Sebastián Castella en su ya famosa carta; es decir, en la campaña difamatoria emprendida por animalistas radicales, ecologistas despistados, intelectuales intolerantes y, paradojas de la vida, profundamente ignorantes, y políticos oportunistas y ambiciosos en plan de aprovecharse, todos a una, de la culpable dejadez e inhibición de taurinos y taurófilos. Esa actitud de avestruces finalmente rota por Castella.
Con una advertencia previa: no todo ser humano que profese amor por los animales, mucho menos los ambientalistas conscientes y bien preparados –como tampoco personas indiferentes o incluso desafectas a las corridas de toros–, tienen por qué convertirse en abolicionistas. Durante siglos, hemos convivido con ellos en paz, y bien claro tenemos, taurinos y taurófilos, que estamos en minoría. Exactamente como puedan serlo las de aficionados a la música clásica, la ópera, la pintura, la literatura o la danza, artes todas en indudable situación minoritaria frente a, pongamos por caso, los seguidores de las telenovelas o de los deportes de masas, como el futbol.
Los ocho pecados capitales del abolicionismo. Si algo une en su fanatizada cruzada a quienes claman por la supresión de los toros –porque de prohibirse las corridas se condenaría a extinción a la singular familia bóvida toro de lidia—no es su afán de frenar el maltrato a los animales –en cuyo caso estarían solicitando con idéntica vehemencia la cancelación de lugares donde se sacrifican especies destinadas a alimentarnos, mismas que sobreviven hacinadas, al revés del toro de lidia, mientras llega su hora, en aras del mercado alimentario–, sino una serie de desviaciones psicológicas e ideológicas que los marcan profundamente, y los han hecho fácil pasto del oportunismo de los malos políticos y del exhibicionismo obtuso de las redes sociales.
Los rasgos más notorios de los militantes de la actual corriente antitaurina son los siguientes:
1) Taurofobia, que como todas las fobias es un impulso irracional.
2) Incultura: son gente básicamente incapaz de comprender y analizar una tradición desde los valores de su mito de origen y la simbología que los actualiza en un rito.
3) Intolerancia, espíritu inquisitorial, sustitución de la empatía por un odio ciego.
4) Integrismo, que es el intento de imponer al resto de la sociedad su propia y muy particular visión del mundo (late aquí la imposición de los valores de la globalización anglosajona sobre cualquier tradición cultural que le sea ajena).
5) Corrección política, que es esa disolución del criterio personal en corrientes de pensamiento mayoritarias, con la consecuente persecución de lo que está mal visto.
6) Oportunismo cínico, a cargo de políticos en campaña a la caza de ingenuos.
7) Ilusión de superioridad moral sobre los taurófilos, catalogados automáticamente como seres despreciables, primitivos y violentos. Una proyección a espejo en toda forma.
8) Buenismo, no otra cosa que la sensación mojigata de estar participando en un movimiento inmaculado, civilizado y progresista, que nos hace “buenos” por definición, sin comprometernos a nada importante ni socialmente trascendente.
A lo anterior podría añadirse –puesto que ha cobrado efecto legal tanto en el Barcelona como en Quito, Bogotá y Caracas, ciudades históricamente taurinas donde ya no se dan toros tras sendas votaciones “democráticas”—un concepto claramente anacrónico de la democracia como simple recuento de votos –la dictadura de la mayoría–, siendo que en su versión más actualizada, la democracia tiende a proteger los derechos de las minorías y a evitar, salvo en casos especialísimos –apologías del odio, fundamentalmente– cualquier forma de censura.
Colofón. Mucho es lo que podría abundarse en torno a tema tan candente y actual. Pero con lo escrito hasta aquí, creo haberlo situado en sus coordenadas esenciales. El resto, decíamos en Huamantla, nos toca a nosotros: cultivar una esperanza activa con la mirada puesta en el futuro de la Fiesta, tal como acaba de hacerlo, desde su postura como ciudadano europeo y matador de toros, el notable matador francés Sebastián Castella.

Bogota, tu también puedes ayudar a Bogotá taurina

Quién? ¿Yo?
Como participar ante el Tribunal de C/marca.
Como todos ustedes saben, el trámite de la mal llamada “consulta antitaurina” está actualmente en el Tribunal Administrativo de Cundinamarca. De acuerdo con la Ley 1757 de 2015, cualquier ciudadano puede impugnar o coadyuvar la constitucionalidad de la pregunta propuesta: “¿Está usted de acuerdo, SI o NO, con que se realicen corridas de toros y novilladas en Bogotá Distrito Capital?”.
Entonces tenemos:
¿Quién puede participar?. Cualquier persona natural o jurídica. Las personas naturales deben anexar al escrito fotocopia de la cédula de ciudadanía. Las personas jurídicas deben estar vigentes y, por lo tanto, adjuntar certificado de existencia y representación legal, emitido por la Cámara de Comercio en los últimos 30 días. Las organizaciones de carácter sindical deben anexar la correspondiente certificación del Ministerio del Trabajo.
¿Hasta cuándo?. El vencimiento para las participaciones ciudadanas es el día martes dieciocho (18) de agosto de 2015 y deben radicarse antes de las cuatro de la tarde (04:00 P.M.)
La comunicación debe dirigirse a:
Doctor
LUIS MANUEL LASSO LOZANO
Magistrado Ponente
TRIBUNAL ADMINISTRATIVO DE CUNDINAMARCA
SECCIÓN PRIMERA – SUBSECCIÓN “A”
Diagonal 22 B (Av. La Esperanza) # 53 – 02
Teléfono 4233390
Bogotá D. C.
ASUNTO: Consulta Taurina propuesta por la Alcaldía Mayor de Bogotá
REFERENCIA: Expediente No. 25000234100020150155700 (importante que estos 23 dígitos estén completos)
La Corporación Taurina de Bogotá participará de este proceso. Consideramos importante que los estamentos -y la afición en general- también perticipen para que los Magistrados tengan suficientes elementos de juicio para la decisión que han de tomar.
Cordial saludo,
FELIPE NEGRET MOSQUERA

Apreciado (s) Amigos (s)

En el archivo adjunto encontrarán un modelo sencillo de impugnación para radicar en el Tribunal. No importa que el mismo modelo sea utilizado por varios individuos (siempre y cuando sea una carta por persona) Es un modelo, si quieren agregar algo más pueden hacerlo.

IMPORTANTE: HAY QUE AUTENTICAR LA FIRMA EN UNA NOTARÍA.

Modelo de la carta que debemos enviar
Bogotá, Agosto 14 de 2015.

Doctor:
LUIS MANUEL LASSO LOZANO
MAGISTRADO TRIBUNAL ADMINISTRATIVO DE CUNDINAMARCA
SECCIÓN PRIMERA – SUBSECCIÓN “A”
Avenida La Esperanza ·# 53 – 02
Bogotá D. C.

Ref. Expediente 25000234100020150155700
​Impugnación por inconstitucionalidad de iniciativa
de Consulta Popular Antitaurina.

_________________________, identificado con la cédula de ciudadanía No. _______________________ expedida en _____________., ciudadano colombiano, respetuosamente concurro ante su despacho en los términos del artículo 21 de la Ley 1757 de 2015 con el fin de presentar impugnación por inconstitucionalidad del trámite de Consulta Popular Antitaurina cuya realización aprobó el Concejo Distrital de Bogotá, por las siguientes razones:

1. Considero que una consulta popular no puede hacerse con el objetivo de dejar sin efecto una Ley de la República. Los espectáculos taurinos están aprobados y reglamentados en la Ley 916 de 2004. El artículo décimo (10º) de la mencionada Ley establece que la Plaza de Toros de Santamaría es una plaza de toros de primera categoría.

2. Además, la Sentencia C-889 de 2012 proferida por la Honorable Corte Constitucional, dejó en claro que: “… Se mostraría desproporcionado que la autoridad administrativa tuviera competencia para prohibir la actividad taurina en los inmuebles que han sido construidos para la celebración de espectáculos taurinos…”

3. Por otra parte, la Honorable Corte Constitucional en la Sentencia de T – 296 de 2013 ordenó: “… (i) restituir de manera inmediata la Plaza de Toros de Santa María como plaza de toros permanente para la realización de espectáculos taurinos y la preservación de la cultura taurina… (ii) rehabilitar en su integridad las instalaciones de la Plaza para la realización de espectáculos taurinos en las condiciones habituales de su práctica… (iii) abstenerse de adelantar cualquier tipo de actuación administrativa que obstruya, impida o dilate su restablecimiento como recinto del espectáculo taurino en Bogotá D.C.”

En los anteriores términos dejo expuesta mi impugnación a la iniciativa, solicitando al señor Magistrado la declaratoria de su improcedencia por inconstitucionalidad.

Cordialmente,

_______________________________

C. C. ____________________________

Rebelión en la granja

Por Jorge Arturo Diaz Reyes

En su busca de votos, los candidatos a la alcaldía de Bogotá han terciado en lo que la revista Semana llama “debate animalista”. Quizás, porque tratándose de las corridas de toros, los participantes hablaron por y para los animales.

En su busca de votos, los candidatos a la alcaldía de Bogotá han terciado en lo que la revista Semana llama “debate animalista”. Quizás, porque tratándose de las corridas de toros, los participantes hablaron por y para los animales.

Como en una reedición de la parodia orwelliana, donde Mollie la yegua, Boxer el caballo, Moses el cuervo, Pincher el perro, Snowball el cerdo y Benjamín el burro, deliberaran sobre la conducción de la granja y lo que conviene o no conviene a su población pecuaria.

Y se pregunta uno por qué tal animalización de la política para una ciudad urgida de humanización. La más elemental; vida, dignidad, agua, movilidad, salud, educación, libertad… Y la respuesta salta: Porque Petro lo ha querido. Ha hecho de la prohibición a los toros y el referendo con que pretende legitimarla puntos cruciales en la lucha por su sucesión.

Claro, como es de uso, compitieron en decir lo que la clientela quiere oír, en presentarse cada uno como su vocero más auténtico, el más animal en este caso. Ya lo advertía Platón, en la democracia el poder siempre termina en manos de los más avisados.

Cinco aspirantes: Clara López (Polo), Enrique Peñaloza (Equipo), Vicente de Roux (Verde), Rafael Pardo (Liberal) y Mercedes Maldonado (Progresismo), prometieron abolir las corridas porque: “Estoy de acuerdo con los animalistas”, “estoy del lado de los animales”, “apoyó los antitaurinos”, “los animales tienen derechos”, “no permitiré maltrato animal”… Tanto, que me trajeron a la memoria la frase de Voltaire a Rousseau… “Leyéndolo siento deseos enormes de caminar en cuatro patas”.

Pero habría que recordarles, si es que de verdad están como aparentan “por los animales”, que hoy, el único animal que los humanos no matamos a traición, en condiciones de inferioridad e indefensión, es el toro de lidia.

Solo, Francisco Santos (Centro Democrático) no se animalizó, habló por las personas: “…tolerancia no es soportar lo que a nosotros nos gusta, sino precisamente tolerar lo que no nos gusta. En Bogotá tenemos que convivir todos y cuando digo todos me refiero también a taurinos y antitaurinos. Además hay una decisión de la Corte Constitucional que se debe cumplir.”

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Y se pregunta uno por qué tal animalización de la política para una ciudad urgida de humanización. La más elemental; vida, dignidad, agua, movilidad, salud, educación, libertad… Y la respuesta salta: Porque Petro lo ha querido. Ha hecho de la prohibición a los toros y el referendo con que pretende legitimarla puntos cruciales en la lucha por su sucesión.

Claro, como es de uso, compitieron en decir lo que la clientela quiere oír, en presentarse cada uno como su vocero más auténtico, el más animal en este caso. Ya lo advertía Platón, en la democracia el poder siempre termina en manos de los más avisados.

Cinco aspirantes: Clara López (Polo), Enrique Peñaloza (Equipo), Vicente de Roux (Verde), Rafael Pardo (Liberal) y Mercedes Maldonado (Progresismo), prometieron abolir las corridas porque: “Estoy de acuerdo con los animalistas”, “estoy del lado de los animales”, “apoyó los antitaurinos”, “los animales tienen derechos”, “no permitiré maltrato animal”… Tanto, que me trajeron a la memoria la frase de Voltaire a Rousseau… “Leyéndolo siento deseos enormes de caminar en cuatro patas”.

Pero habría que recordarles, si es que de verdad están como aparentan “por los animales”, que hoy, el único animal que los humanos no matamos a traición, en condiciones de inferioridad e indefensión, es el toro de lidia.

Solo, Francisco Santos (Centro Democrático) no se animalizó, habló por las personas: “…tolerancia no es soportar lo que a nosotros nos gusta, sino precisamente tolerar lo que no nos gusta. En Bogotá tenemos que convivir todos y cuando digo todos me refiero también a taurinos y antitaurinos. Además hay una decisión de la Corte Constitucional que se debe cumplir.”

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TAUROMAQUIA. Alcalino.- El Ranchero, leyenda que se agiganta

Por. Alcalino

El viernes, en el Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, la gente de la tierra –ganaderos, toreros en retiro, taurófilos, aficionados y ciudadanas y ciudadanos de a pie—produjeron un llenazo tumultuoso, a despecho de la tromba que acababa de despachar el cielo sobre la ciudad capital del estado más taurino de este país. A eso se le llama, aquí y en Groenlandia, poder de convocatoria. ¿Responsables directos? Por un lado, Carlitos Pavón, autor del flamante libro Jorge Aguilar El Ranchero. Un gran torero, Un gran hombre. Y ni qué decirlo, la leyenda del propio biografiado, un prócer de la fiesta brava y sin duda el más tlaxcalteca y el más mexicano de los toreros. ¿Qué no llegó a ser figura consagrada, como bien señalara en su clarividente intervención José Vicente Saiz Tejero, uno de los presentadores de la obra? Pues allí estaba otro de ellos, el poeta y lingüísta Manuel Camacho Higareda, para, sin dejar de reconocerlo, enfatizar que tampoco fue un torero frustrado. Pues no podía serlo alguien que, además de inmortalizar a más toros de los que caben en la memoria de cualquier erudito sobre el tema, se mantuvo siempre fiel a sí mismo y sin dejar de ser ni por un instante exactamente quien era: un singular artista del toreo y un producto neto del campo bravo y la cultura taurina de su tierra natal.
Torero de grandes faenas. Con ser, efectivamente, un torero que solía desparecer de la actualidad que le tocó vivir para reaparecer con todo su brillo en el momento menos esperado, El Ranchero ha quedado indisolublemente ligado a una larga y recordada lista de nombres de toros, célebres porque tuvieron la fortuna de caer en sus manos, que les asegurarían el pasaporte a la eternidad. En el prólogo de la obra he tenido ocasión de mencionar algunos de los más cimeros, desde los “Vajillero”, “Pistachero”, “Tragaldabas” y “Rapinegro” de su consagración novilleril –temporada novilleril de 1950 en la México—hasta los famosos “Fundador”, “Montero”, “Náufrago”, “Voluntario” –al que cuajó, en Pamplona, la que el mismo estimaba su mejor faena en España–, “Chinaco”, “pancho López”, “Viajero”, “Bogoteño”, “Huracán”, “Sol”, “Solito” y “Fundador”, que evocan hierros tan ilustres como La Laguna, Piedras Negras, Zotoluca, Rancho Seco, Atanasio Fernández, Torrecilla, Santacilia, Santo Domingo, La Punta, Mimiahuápam, la flor y nata de esa misteriosa entelequia que es el toro de lidia, capaz de darle gloria o muerte a quien ose desafiarlo sin otros argumentos que los de su valentía, saber y arte… y algo más. Ese algo más que han tenido muy poco, y entre esos pocos Jorge “El Ranchero” Aguilar, que además de grandísimo torero fue, como buen hijo de Piedras Negras, la hacienda ganadera en la que nació, charro completo, tentador superdotado y uno de los mejores derribadores a campo abierto habidos en este país.
Programa redondo. Factor decisivo para explicar que la multitud, reunida el viernes en el vestíbulo del Instituto Tlaxcalteca de Cultura permaneciera en sus lugares, inconmovible, atenta y entusiasta, la mayoría incluso de pie, pues el número de asistentes al acto rebasó con mucho las previsiones de los organizadores del mismo, fue la diversidad y riqueza del mismo. Y es que éste, además de las participaciones como presentadores de José Vicente Saiz Tejero, Horacio Reiba, Manuel Camacho Higareda y, por supuesto, Carlos Hernández González, autor, una vez más, de una obra que conjuga armónicamente pasión, investigación y profundos conocimientos en la materia, incluyó la intervención espontánea de una chica que declamó emotivamente un poema dedicado al Ranchero, no se sabe bien si con motivo de su retirada de los ruedos o de su prematura muerte, ocurrida de un infarto fulminante mientras toreaba, en Coaxamaluca y con la muleta en la izquierda, la mano de sus más grandes faenas, a una vaca brava de dicha casa ganadera, aquella fría tarde del 28 de enero de 1981. Se escuchó también con emoción otra pieza poética, nacida del fervor rancherista de un aficionado anónimo, ya desaparecido, en voz de su viuda, que supo transmitir con una voz al borde de las lágrimas un sentimiento profundo. Y, para culminar la húmeda tarde, envuelta ya en las sombras, resonó la voz emocionada de Jorge Aguilar Muñoz, el hijo mayor de El Ranchero, que así como confesó no haber visto a su padre vestido de luces sino en tres ocasiones –su despedida del público de Tlaxcala, la tarde en que se cortó la coleta en la México (18.02.68) y, pocos días después, cuando despachó un toro de Piedras Negras en la placita de tienta de dicha vacada prócer, como una deferencia especial para sus paisanos más directos, la gente de la hacienda donde había visto la luz un día de abril de 1927–, recordó las muchas mañanas de sábado en que lo acompañó a su padre a tentar a diversas ganaderías de la región, y aún de fuera de Tlaxcala, y en las que pudo admirar su exacto dominio de los terrenos y el tacto poderos y al mismo tiempo gentil de su muleta, prendas harto codiciadas por los criadores de bravo en trance de probar la bravura de sus productos en el silencio de artesanales placitas de tienta, en medio de un silencio apenas interrumpido por la voz del ganadero o el ronco desafío del varilarguero de la casa. Ritual que solía terminar, rememora el primogénito del legendario torero y de Teresita Muñoz González, en oportunidades de echar capa para novilleritos principiantes, e incluso para el propio vástago de El Ranchero, competente aficionado práctico al paso de los años.
Algo para recordar. Así como apunta la permanente irregularidad de El Ranchero –excepción ilustre, su consagratoria temporada grande 1952-53–, Saiz Tejero reconoce que Jorge Aguilar, en sus grandes faenas, alcanzaba alturas reservadas solamente a los elegidos, merced a una expresión torera propia, personal e intransferible. Reiba recordó cómo, la tarde de infancia en que conoció la Plaza México, pudo asistir a la portentosa faena del diestro de Piedras Negras con un berrendo de Santo Domingo rebautizado como “Sol”, que acudía noblemente a cites de 15-20 metros para enredarse en torno a la figura de El Ranchero, revestida de celeste y oro, el cual terminó cortándole el rabo para obtener la Oreja de Oro en disputa (19.03.61). Y Camacho Higareda, demasiado joven para haber vivido los años de oro del ídolo tlaxcalteca, evocó su cercanía con Flavio, el hermano menor de El Ranchero, hombre tranquilo y de gran bondad, como su eslabón secreto con el mundo y la figura de Jorge Aguilar González, al conjuro de cuyo nombre se volcó el viernes la gente de Tlaxcala con motivo de la presentación de la obra biográfica que le dedicara Carlos Hernández “Pavón”.
Reflexión final. La obra de referencia es a la vez una grito de rebeldía contra el enorme vacío literario que, en términos generales, rodea la historia de la tauromaquia nacional, una historia riquísima de contenido a través de infinidad de actores –matadores, subalternos, ganaderos, literatos…– cuyas vidas y hazañas permanecen en espera de quien sepa ponerlas en blanco y negra, con la exactitud y altura de que ha hecho gala el autor de este trabajo. Lo menos que puede hacer el aficionado de pro es incorporar de inmediato a su biblioteca un ejemplar de la obra de Carlos Hernández González. El resto queda a cargo de quienes, contando con el bagaje cultural, la experiencia de vida y la pasión por la tauromaquia indispensables, pudieran hacer, en el futuro, por reducir esa carencia fundamental de literatura taurina seria y buena que este país requiere y que tan contadas plumas han hecho por satisfacer.

CERET 2.015

 

 

Samedi 11 juillet 2015, 18 heures,  toros  de Dña. Dolores Aguirre Ybarra

Encaste : D. Atanasio Fernández y Conde de la Corte

2015dolores aguirredolores1dolores2 1dolores88Dimanche 12 juillet 2015, 11 heures,  toros  de D. Juan Luis Fraile y Martín

Encaste : Conde de Santa Coloma – D. Graciliano Pérez Tabernero

2015frailefraile 44fraile33fraile55

 

Dimanche 12 juillet 2015, 18 heures, 6 toros 6 de Adolfo Martín Andrés

Encaste : Albaserrada

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El congreso de la Asociación Nacional de Clubes Taurinos de EEUU se celebrará en Almería

 

Redacción

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La Asociación Nacional de Clubes Taurinos de los Estados Unidos de América (NATC) ha elegido Almería y su feria de la Virgen del Mar para la celebración de su congreso anual, que en ocasiones anteriores ha tenido lugar en otros lugares de España como Madrid, Bilbao, Sevilla, Málaga, Salamanca, Valencia, Jerez de la Frontera, Badajoz y Logroño, además en Francia en Nimes, Arles, Dax y Mont-de-Marsan.

La NATC, integrada por once clubes taurinos estadounidenses, pretende establecer relaciones con otras organizaciones similares en otros países y, de esta forma, potenciar el desarrollo de la fiesta brava. Durante el congreso, los participantes tendrán la oportunidad de estudiar tanto la historia de Almería y Andalucía y sus tradiciones taurinas y flamencas como conocer a los aficionados taurinos para intercambiar ideas.

La organización de este evento corresponde este año al New York City Club Taurino. Este club tiene una gran tradición en la celebración de actos como las cenas de gala en Manhattan, por donde han pasado los maestros José Miguel Arroyo ‘Joselito’, Enrique Ponce, Luis Francisco Esplá, Vicente Barrera, El Fandi, José María Manzanares (hijo), Víctor Mendes, Mario Carrión, Eduardo Dávila Miura, Manuel Escribano, Ruiz Manuel y El Fundi, y los ganaderos Samuel Flores y Victorino Martín.

La NATC refleja cómo la afición a los toros en los Estados Unidos va en aumento. Muestra de ello es que clubes como Los Aficionados de Los Ángeles celebrarán su 65 aniversario, y cumplen más que 50 años la Barrera Taurina de El Paso, La Peña Sol y Sombra de San Francisco y Los Bibliófilos de América.

EL CENTAURO POTOSINO JORGE HERNÁNDEZ GÁRATE TRIUNFA EN CALIFORNIA.

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Un año mas que el rejoneador Jorge Hernandez Gárate incursiona en tierras californianas, en donde ha vuelto a triunfar de manera rotunda en los dos festejos en los que ha participado.
En este corto periplo Jorge ha actuado el sábado 6 de Junio en Tulare, California en donde alternó con los rejoneadores Alberto Conde, Joe Correia y Joao Soler-Garcia, ante toros de las ganaderías de Mira-Douro y Roberto Martins & Filos, y el viernes 12 de junio en la plaza Tracy, California en donde alterno con los rejoneadores Alberto Conde y Joe Soller García ante toros de las ganaderías de Manuel Carmo y Joao Rocha.
En ambos festejos se colgó el letrero de “No hay billetes” y Hernandez Gárate ha puesto el nombre de México muy alto, ya que en todas sus actuaciones ha dado sendas vueltas al ruedo, debido a que en California las corridas son incruentas y no se matan los toros.

TAUROMAQUIA. Alcalino.- Presentación del libro de El Ranchero Aguilar

Un torero que nunca esperó su toro –le bastaba con que su llama interior se avivara, y entonces importaba poco la catadura y el estilo del morlaco– aguardó el paso de muchas décadas antes de dar con su autor. Tenía que ser éste un hombre del campo bravo tlaxcalteca, que es como decir tan genuino y sensible como Jorge Aguilar González, que nació en Piedras Negras, se crió entre el ganado de esta divisa prócer y se hizo torero a las faldas de su Malinche, montaña atravesada por tajos y cañadas, y coronada por crines que el invierno nieva, y que no sé por qué me recuerdan tanto el toreo de El Ranchero, largo como mugido de toro en celo, templado como el viento que sin prisa baja por sus laderas, suave como las flores silvestres que crían los llanos de su tierra natal, en medio de cardos agudos como pitones… El autor, ese autor que Jorge necesitaba, se llama Carlos Hernández González, Carlitos Pavón para sus amigos, que somos legión.
Así empieza el prólogo, firmado por este columnista, del libro Jorge Aguilar El Ranchero. Un gran torero. Un gran hombre, que el Instituto Tlaxcalteca de Cultura y el gobierno del estado de Tlaxcala, conjuntamente con Conaculta, acaban de dar a la luz. Obra que nace con la impronta de indispensable en la biblioteca de todo aficionado, por cómo su autor ha conseguido revelar, desde dentro y desde fuera de los ruedos, la singular personalidad del más tlaxcalteca de los toreros, cuyo nombre lleva el coso de la capital de su taurinísimo estado. Y porque la bibliografía mexicana en la materia adolece casi de tantos vacíos como diestros de importancia ha dado este país.
La presentación del libro citado –que contiene 300 fotografías históricas, repartidas en 384 páginas de buena y sabrosa literatura– está anunciada para este jueves 18, en punto de las seis de la tarde, en la sede del Instituto Tlaxcalteca de la Cultura: Juárez 62 de la ciudad de Tlaxcala. Y allí estaremos el autor de la obra y quien esto escribe, al lado de comentaristas tan prestigiosos como Leonardo Páez, Manuel Camacho Higareda y José Vicente Saiz Tejero, todos ellos con algo propio que decir sobre el lltema que nos ocupa y sobre la tauromaquia en general.
A los lectores que deseen acompañarnoos los esperamos con verdadero gusto.
Adame, premiado en San Isidro. Dilucidados los premios oficiales a lo más selecto de San Isidro 2015, Joselito Adame se hizo acreedor al reservado a la mejor estocada, por la que fulminó, en la suerte de recibir, a “Adobero”, de El Montecillo, culminación de una faena de oreja. En el pasado, otro mexicano, Antonio Lomelín (1970) recibió el trofeo Mayte por un volapié monumental a un torazo de Moreno de la Cova; y no conforme, reincidió al año siguiente, esta vez en premio al quite más oportuno y valiente de la feria isidril por el que hizo, a cuerpo limpio, para librar al rejoneador jerezano Fermín Bohórquez, que había sido derribado por un astado de su ganadería, justamente la tarde en que se presentó en Madrid aquella recordada corrida de Mimiahuápam (22.05.71). Como es sabido, Lomelín no volvería a partir plaza en Las Ventas. Confiemos en que Joselito Adame sí lo haga.

Por lo demás, Castella fue designado triunfador del ciclo y autor de la mejor faena por la que realizó con “Jabatillo” de Alcurrucén, premiado a su vez como el mejor toro, en tanto se premiaba como corrida más completa la de Juan Pedro Domecq, con plena justicia.

Llanto de torero. Imposible cerrar el capítulo de la isidrada sin celebrar la arrebatadora faena de Rafaelillo al 4º Miura, un galán con 606 kilos, en la corrida final del ciclo (junio 7). Para empezar, “Injuriado”, recibido por el murciano con una larga de hinojos, intentó saltar al callejón. Peleó con el caballo con la cara arriba y su modo de esperar a los banderilleros nada bueno prometía. Pero no para Rafaelillo, que brindó al público y abrió faena valientísimo, con las dos rodillas en tierra. No le importó ni el parón ni la larga mirada del zaino en cuanto, puesto en pie, lo desafió desde cerca. Había descubierto cierta nobleza en el animal y se sabía capaz de traducirla en embestidas ligadas. Y como lo vio lo planteó, lo realizó y lo consiguió. A fuerza de aguante, pero también de pulso templado y muleta poderosa. A veces, una cabezada seca lo amenazaba, como en los primeros naturales, que “Injuriado” tomó girando sobre las manos. Precisamente, el mérito de Rafael Rubio fue insistir por ese pitón hasta lograr el milagro de la tersura en aquellas tres tandas, cortas pero intensísimas, que culminarían en los tres naturales de frente, limpios y completos, que pusieron la plaza boca abajo. Torero de talla pequeña, se plantaba firmísimo en la arena para traerse al miura imantado en la tela y pasárselo no ya por la faja, por el corbatín, hasta completar circunvalaciones completas; y remataba gustándose, con la misma confianza que si estuviera en una tienta, y no se arredró cuando “Injuriado”, al fin de Miura, le tiró a la pasada un derrote que le hizo trizas la taleguilla a la altura del vientre. Al contrario, ése sería el momento de inflexión a partir del cual se elevó hasta la estratósfera emocional de Las Ventas la faena más conmovedora del ciclo.
Tan conmovedora y auténtica que, cuando su espada topó con hueso en dos viajes rectos, la rabia del torero –que a la tercera enterró arriba el estoque—se hizo incontenible. Inevitablemente transformada en llanto mientras daba una vuelta al ruedo para el recuerdo, tuvo la virtud de contagiar esa efusión de lágrimas de torero a gente sensible en el tendido, a uno de los picadores de su cuadrilla, a taurinos curtidos en el callejón.
Hablábamos de la obligación de sorprendernos que tienen los toreros y que es hoy más imperativa que nunca. Y menuda sorpresa nos dio con la épica demostración de Rafael Rubio Luján, nada menos que ante un miura, noble pero no fácil, en la faena más virilmente torera de San Isidro 2015.
¿Encerrona o debacle? El contraste, la fallida encerrona de El Cid, a la deriva con los mansos de Victorino Martín. Previsible final de un gesto sólo justificado cuando la carrera de un torero está en su cenit, pero no para acentuar el largo ocaso en que desde hace tiempo se debate sin remedio el espada de Salteras. Ya es recurrente que la empresa madrileña programe estas corridas de un solo matador fuera de tiempo y de lógica. Ocurrió hace poco con Iván Fandiño –que aún arrastra en su ánimo las secuelas de ese fracaso–, y había ocurrido también con Talavante hace dos San Isidros, con Daniel Luque el domingo de Ramos de 2010. Y les paisó a Morante el de Resurrección de 2004, a Esplá con los guardiolas de 1992, a Enrique Ponce con sepúlvedas en la feria de otoño de ese mismo año e incluso a Curro Romero, que petardeó en solitario allá por 1967…
Otra cosa fue que en el apogeo de los ivictorinos –cuando entreveraban alimañas con astados de triunfo, pero garantizando emociones siempre–, las encerronas de Ruiz Miguel (19.05.86), Capea (28.06.88), Roberto Domínguez (26.06.89) y Caballero (25.06.88) resultaran modélicas. Quizá animara a El Cid el feliz recuerdo de aquellas dos suyas, también con victorinos, en Sevilla primero y más tarde en Bilbao. Pero eso fue hace mucho, cuando el celo torero y el sitio ante el toro le asistían, los cárdenos del paleto embestían de fábula y su mano izquierda bordaba el toreo. Hoy, con ambas partes de la ecuación a la baja, era encerrona carente de sentido y abocada al fracaso.

TAUROMAQUIA. Alcalino.- Con más pena que gloria concluyó San Isidro

En la isidrada de este año partieron plaza cuatro matadores mexicanos, dos colombianos y un par de novilleros nacidos en el Perú. De éstos, Joaquín Galdós, el segundo en comparecer, no tuvo tiempo de nada porque fue cogido al lancear a su primer utrero de El Montecillo y se lo llevaron a la enfermería con conmoción cerebral profunda. Pero el otro, Andrés Roca Rey, a punto estuvo de desorejar al 6º del Conde de Mayalde, el lunes 18. Barquerito (colpisa.com) lo vio así: Roca Rey quitó por saltilleras de gran compás, revolera y brionesa. Brindis al público. Parecía que podría ser gran toro, pero se acabó descomponiendo… La faena, de propuesta agobiante, fue de pronto una pelea. Roca se animó con esas trenzas de muletazos sin ayuda, cobrados con la vuelta del engaño en suerte cambiada y con cambios de mano patentados por Daniel Luque… una estocada de ley que pudo ser fatal porque el cuerno del toro le pasó rozando la mandíbula… Hay torero.
De los latinoamericanos encartelados solamente Joselito Adame dispuso de dos tardes para explayarse. En la primera, mayo 8, topó con un lote imposible de El Cortijillo. Se desquitaría el domingo 17, muy torero con su primero y rotundo en el cierraplaza, un encastado burel de El Montecillo bautizado como “Droguero”: el hidrocálido, que había animado el primer tercio por zapopinas, con la muleta le pudo, lo desengañó y terminó corriéndole la mano a placer, destacando sus limpios y mandones naturales. Lo fulminó de estocada recibiendo y cobró la única oreja mexicana del ciclo. Porque a Saldívar le tocó lo malo de Valdefresno y sólo lució en quites (mayo 10) y a Silveti, que salió con la cornada de Aguascalientes suturada –luego han vuelto a operarlo—le sobró voluntad y le faltó toro (fue segundo espada la tarde de los de Salvador Domecq y la cornada de Jiménez Fortes).

Mención aparte merece El Payo, asentadísimo y muy torero en todo momento, pese a la sosería de los de Fuente Ymbro lidiados el sábado 9. Para el citado Barquerito, La grata impresión que El Payo dejó con su quite tan bien traído al toro ensabanado vino a confirmarse luego… Para recoger al sobrero, seis verónicas embraguetadas y ligadas, dibujadas a compás, y dos medias igual de bellas las dos… Y se templó a modo El Payo: figura vertical, ajuste, brazos buenos, engaño bien volado, ligazón. Y entendimiento para tapar al toro que, en cuando sintió el poder de El Payo, se le rajó sin remedio. Excelentes pases de pecho. Una tanda con la izquierda francamente lograda. Y un ambiente de frialdad y distancia difícil de explicar y medir. ¿Público de sábado? No va a ser sencillo ver torear con tanta armonía en lo que queda de feria.

Esa armonía no la encontraría el caleño Luis Bolívar con los de Ibán (día 25: pitos en los dos), pero sí a ratos, muy meritoriamente, el antioqueño Sebastián Ritter, con su primero de Partido de Resina, un torazo cárdeno con cierta docilidad pero con mucho que torear en su aparente sosería; lo describe su paisano Jorge Arturo Díaz Reyes (blog propio): Incomprendido, Sebastián levantó con el enrazado segundo una faena de aplomo, distancia y reposo plausibles, que sus ningunos contratos enaltecían más. Iba camino de premio y lo quiso todo. Citó a recibir dos veces, pinchó tres, puso una espada en guardia, otra de bajonazo y oyó un aviso.

Y eso fue todo, por lo que a diestros latinoamericanos se refiere. Nada que agradecer a la empresa de Las Ventas. Y de nuevo, sería Joselito Adame quien, mal que les pese a ciertos empresaurios de por acá, refrendó su alto cartel en Madrid. Ángel González Abad (ABC) lo vio así de claro: La otrora revolución mexicana hubiera quedado en una manifestación pacífica de no ser por la raza que demostró Joselito Adame en el último de la corrida del domingo 17… sin saber que el toro iba a tener mucha transmisión, se fue a recibirlo a porta gayola, luego lo dejó crudo en el caballo y toreó limpio y aguerrido con la muleta. Montó la espada para soplarle un estoconazo recibiendo. Oreja de ley y volvió a erigirse en el mandamás de la tropa mexicana. Misión cumplida, Comandante Adame.

El cuento de la semana torista. Usted es empresario de toros. En Madrid, nada menos. Y tiene que cubrir, como sea, un mes completo a festejo diario por cuenta de la feria del santo patrono. En su agenda hay encierros de ganaderías en franca decadencia, rescoldos de linajes famosos. Y un montón de contratos baratos con diestros que apenas torean, porque si armara una feria basada en las figuras y en novedades de veras interesantes, las primeras se llevarían toda la ganancia. Y eso no, recordemos que usted es empresario. Y que sabe mucho de esto. Sabe que, si anunciara tal clase de toros con las mismas ternas en julio o agosto, por taquillas no pasarían ni dos mil curiosos. De ahí su estratagema maestra: llamémosla semana torista, programemos seis o siete de esos carteles en seguidilla y ya está: plaza llena, público ad hoc –con abundancia de “entendidos” en el tendido—y que viva el rey.
¿Resultado? El previsible: ni los toros embisten ni los toreros pueden. Las excepciones –Robleño, Escribano—apenas tienen ocasión de apuntar. Y hierros otrora ilustres –Ibán, Pablo Romero, Cuadri, Miura— darán para cuatro embestidas al paso, entre amagos y topetazos. También los de los primos Adolfo y Victorino Martín, de fama más reciente pero no menos claudicante. Resumiendo, ha conseguido dar cierto toque de variedad a los carteles, liquidar unos contratos a bajo costo, y a arrojar docena y media de toreros al foso de las fieras. Buena lana a cambio. Y hasta el año venidero, si Dios la vida nos presta.
Beneficencia gafada. Victoriano del Río compitió en kilos y pitones con los encierros toristas, los superó en mansedumbre –los seis huían despavoridos del peto—y convirtió la corrida de Beneficencia en opaca sucesión de monótonas porfías a cargo de El Juli y Perera, enfrascados –salvo por el tercio de quites del 4º bicho— en inexistente mano a mano. Felices, los del 7 confirmaron que, mientras ellos tengan más voz y voto que nadie en Las Ventas, El Juli no vuelve a abrir la Puerta de Madrid ni, a ser posible, a pasear una oreja más en esta su plaza. Y que todos los pereras de este mundo vayan tomando nota. Sobre todo si su aspiración es repetir triunfos como los del año pasado, cuando los tomó a contrapié y con la guardia baja.
Al margen, la confirmación de que el toreo actual, su público natural, está y estamos urgidos de toreros con imaginación, artistas capaces de reinventarse y sorprendernos. Porque Perera y El Juli –éste, sobre todo—habrán estado por encima de sus toros, pero las suyas son tauromaquias tenaces, armadas sobre el mismo troquel, poderosas y autosuficientes pero huérfanas de sorpresa. Y bien que lo pagaron.
… Y Urdiales. Diego Urdiales, riojano de Arnedo, 40 años, pocos y regateados contratos, toreó en este San Isidro tres tardes y seis toros y apenas dio una vuelta al ruedo entre opiniones divididas tras despachar a su segundo de Núñez del Cuvillo, y salió dos veces al tercio en su última comparecencia, el jueves 4, con los de Adolfo Martín. Pudo cortarle la oreja al 1º si cambia un pinchazo por el ejemplar volapié del 4º. Pero dejó esencias de tauromaquia rancia con ese toreo suyo tan natural y asentado, cadencioso y sentido en su forma de conducir el viaje atropellado de aquel toraco de Cuvillo, del abreplaza de Adolfo y, sobre todo, de “Aviador”, el noblote 4º de esa misma tarde, que apenas podía moverse y sin embargo pasó una docena de veces siguiendo la muleta imantada, suavísima del riojano. Los que claman por el toro repetidor a ultranza no salían de su asombro.
No le alcanzó para cortar oreja, pero lo que hizo, que no fue mucho –verónicas de trazo y empaque admirables, media de cartel en un quite, redondos toreando y templando de verdad, cambiados por bajo de insólita gallardía y limpio remate–, bastó para dejar un sabor distinto, ecos de Bienvenida y Chenel, músicas y aromas de otros tiempos a contrapelo con la fiesta utilitarista, orejista y monocorde de hogaño.